SOLO CRISTO

José Calame, Pastor 

Mt. 5:1-12; Hch. 4:12

Introducción

Escuchar las enseñanzas de Jesús es fundamental hoy.

Bienaventurados: En griego “makarios” que indica grande o de larga duración. Se trata de un adjetivo que denota felicidad, alguien muy bendecido, digno de ser congratulado. Es una palabra de gracia que expresa un regocijo y una satisfacción especial, concedida a la persona que experimenta salvación. Desde el capítulo 5 hasta el capítulo 7:27, se describe lo que en las Sagradas Escrituras se ha denominado el Sermón del Monte, el cual parece haber estado ubicado en la vecindad de Capernaum. Cada bienaventuranza incluye una bendición, una descripción de quienes se consideran bendecidos y una explicación de la bendición.

Inspiradamente, Mateo luego de escribir acerca de la experiencia de Jesús de ser llevado al desierto para ser tentado por el diablo, describe cómo inició su ministerio predicando sobre el arrepentimiento y llamando a la gente para que estuvieran con Él y le siguieran. A algunos de ellos les hace un llamado específico, lo cual incluye una misión (Mt. 4:19). En el Sermón del Monte, Jesús bosqueja los atributos primarios de la gente que recibe el Reino. Nueve referencias directas al “reino” aparecen y son: humildad (5:3), voluntad para sufrir persecución (5:10), atención sincera a los mandamientos de Dios (5:19), rechazo a sustituir falsa piedad por comportamiento genuinamente correcto (5:20), una vida de oración (6:10-13), dar prioridad a los valores espirituales sobre los valores materiales (6:20, 33) y por encima de todo, reconocer el señorío de Cristo, obedeciendo la voluntad revelada de Dios (7:21). Como verdadero representante de la divinidad encarnada, Jesús se sentó como lo hacían los rabinos, y abriendo la boca les enseñaba. Este último pasaje, Mateo 5:2, es muy importante porque inicia uno de los ministerios para importantes de Jesús: la enseñanza sobre el reino. Por supuesto que había otros maestros en Israel, como lo hay en el día de hoy, pero sólo Jesús tiene palabras de vida eterna (Jn. 6:68).

 Jesús, el único camino al Padre. Las primeras semanas luego de la venida del Espíritu Santo sobre la iglesia, fueron de muchos desafíos para los primeros creyentes. El día de Pentecostés, los que se encontraban en Jerusalén para la fiesta, pensaron que los receptores del Espíritu estaban borrachos, por la manifestación externa de Su venida. A partir de ese momento, Dios usaba de manera sobrenatural a hombres comunes para realizar cosas extraordinarias: sanidades, milagros, valor para hablar y erudición, son algunos de los elementos que sobresalen en el relato de los Hechos. En medio de este revuelo y confusión por parte de los adversarios de Jesucristo, Pedro y Juan son arrestados. Este evento les dio la oportunidad a los apóstoles para plantear una verdad espiritual fundamental en el Reino de los cielos: ¡En ningún otro hay salvación!

Mientras ministraba en Palestina, Jesús mismo aseveró que Él era el camino al Padre, (Jn. 14:6). Hay una necesidad real de recobrar nuestra relación con el Dios Padre, de hecho, Jesús enseñando a sus discípulos a orar dijo: “Padre nuestro que estás en los cielos”.  Dios es un buen Padre y desea que sus hijos podamos acercarnos confiadamente a Él. En aquella poderosa revelación, Jesús afirmó que además de ser el camino, también era la verdad y la vida. Tres elementos fundamentales, para la vida de hoy; no sólo a la hora de compartir el evangelio con otros, sino para aquellos que ya estamos caminando, recordar y tener presente. Jesús es la verdad y la vida de Dios para la humanidad, además del único camino que nos lleva a Él. No hay otro camino, verdad y vida.

Conclusión. ¿Es Jesús nuestro camino, verdad y vida?

Publicar un comentario

You must be logged in to post a comment.