LA PRÁCTICA DEL PERDÓN

José Calame – Pastor

Mateo 18:21-35.

Introducción
Es importante perdonar para agradar a Dios.

El Escenario. Jesús ofrece una nueva forma de íntima relación personal con Dios (Ro.8:15). Es importante redescubrir que la expresión “Santificado sea” establece que la oración es una forma de adoración (Mt.6:1-15).
La oración que implora perdón se legitima por la disposición a perdonar las ofensas de otros (vs.14-15). Jesús se toma el trabajo de enseñar este principio del Reino por medio de una parábola, luego que explicara sobre el tópico del proceso de disciplina dentro de la iglesia (Mt.18:15-20). Debemos entender que Jesús no presenta una fórmula legalista sobre el asunto, sino que alude al perdón ilimitado que se encuentra en Dios y en medio de Su pueblo (1Co.13:4-5).

Como vemos, la parábola enseña sobre un siervo que no perdonó a un consiervo que le debía una cantidad insignificante, si se compara con la cantidad que él debía a su rey. Se ofrece una juiciosa advertencia contra la tendencia humana a olvidar el don de la gracia de Dios de perdonar y contra la inclinación del alma de cultivar una actitud reacia al perdón.
¿Qué cosas podemos encontrar en esa parábola del Reino? Al estudiar dicha parábola al menos podemos rescatar tres elementos de suma importancia:

Jesús demostró, cómo la actitud de no perdonar puede limitar lo que Dios haría en otros. Nótese que el consiervo encarcelado está todavía en prisión al final de la historia, lo cual revela, cómo una actitud intransigente puede “atar” a una persona a circunstancias indeseables y perpetuar un problema.
Jesús enseña, cómo el espíritu de no perdonar (los torturadores, literalmente “cobradores de impuestos”) exige un precio a nuestros cuerpos, mentes y emociones. Cuando no perdonamos, pasamos el tiempo, cobrando a nuestros ofensores la deuda.
Jesús enseña, que nosotros también podemos tener misericordia y perdonar las ofensas de otros.

Finalmente, toda persona del “reino” es aconsejada a mantener un corazón perdonador hacia todas las otras personas.
Si somos ciudadanos del Reino de Dios, tenemos privilegios, pero también deberes; por lo tanto, debemos manejarlos sabiamente. El no perdonar es potencialmente peligroso para cualquiera de nosotros.
Nos Equivocamos al Cuantificar la Deuda. En una de esas tantas invitaciones que Jesús aceptó, llega a casa de un tal Simón. En medio del ágape, una mujer pecadora, así era calificada, irrumpió, y llorando empezó a regar los pies del Maestro derramando un perfume de alabastro (Lc.7:37-38). La respuesta de Simón fue juzgar al Maestro, poniendo en duda su condición de profeta. Porque si fuera de verdad un profeta de Dios, discerniría el tipo de mujer que lo tocaba. En su propia visión, no debía dejarse tocar por una mujer así.

Lo que desconocía Simeón, es que Jesús si estaba discerniendo sus pensamientos. Jesús aprovecha la situación para referir otra parábola de dos deudores, donde compara el monto de la deuda, el perdón de la misma y la gratitud de ambos. Es obvio, que Simón y la mujer están representados por los dos deudores; la tímida hospitalidad de Simón (vs.44-46), contrasta con las expresiones “de gratitud exageradas” de la mujer. El Maestro cierra y aplica la enseñanza: alguien que se da cuenta de la profundidad de su propio pecado o deuda y la grandeza de la misericordia de Dios, debe amar como esta mujer lo hace.

Conclusión.
¿Estamos listos para perdonar a otros?

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