Fil. 3:12-21
¿Has corrido alguna vez una carrera o participado de alguna competencia?
En este pasaje Pablo se describe como un atleta en una carrera, el cual pone todo su empeño y avanza con intensa concentración para no dejar de llegar a la meta que Cristo le ha puesto por delante. Reconoce que todavía no ha logrado esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente lo hizo suyo.
Usted y yo tampoco hemos logrado llegar a la meta. Dice Pablo debe olvidar el pasado, es decir, los fracasos y pecados del pasado. Como también sus éxitos en el servicio de Cristo para que siempre este extendiéndome a lo que esta delante en su obra y en asemejarse a él. Fijando nuestra mirada en lo que tenemos por delante y así avanzamos hasta llegar al final de la carrera para recibir el premio celestial al cual Dios nos llama por medio de Cristo Jesús. (Fil. 3:13-14).
En este camino hay oposición. En esta carrera hay obstáculos.
Pablo hace referencia a gente en la iglesia que buscan lo suyo propio y no lo que es de Cristo Jesús. Los considera verdaderos enemigos de la cruz de Cristo. Se enorgullecen de las cosas que en realidad eran vergonzosas, piensan en lo terrenal y así inevitablemente vivían para lo terrenal (Fil. 3:18-19).
En cambio, nosotros somos ciudadanos del cielo, donde vive el Señor Jesucristo; y esperamos con mucho anhelo que el regrese como nuestro Salvador (Fil. 3:20). No nos desanimemos por la oposición y los obstáculos en nuestro camino; sigamos adelante la carrera de la fe que estamos llevando.
La transformación continua.
Dice la Palabra del Señor “El tomara nuestro débil cuerpo mortal y lo transformara en un cuerpo glorioso igual al de el. Lo hará valiéndose del mismo poder con el que pondrá todas las cosas bajo su dominio (Fil. 3:21).
El Señor no para de transformarnos desde el momento que entregamos nuestra vida a Cristo, hasta su próxima venida; sigue tratando con nosotros y nos dará un cuerpo glorioso como el de Cristo. Nada de cicatrices, ni señales de enfermedades que padecimos en esta tierra. Sera algo nuevo y hermoso.
No estamos corriendo cualquier carrera, es la carrera de nuestra vida; tiene connotaciones eternas para usted y para mí. No nos desenfoquemos, no nos distraigamos y sigamos hacia adelante, hacia la meta de la corona incorruptible, nuestro premio eterno (1ª Co. 9:25).
Oremos.