Dios es fiel y escucha nuestras oraciones

Pastor Julio Bolivar
Pastor Julio Bolivar

2ª R 20:1-6.

El rey Ezequias tenía veinticinco años cuando subió al trono y reino en Jerusalén veintinueve años. (2ª R. 18:2). Dice la Palabra que Ezequias hizo lo que era agradable a los ojos del Señor, igual que su antepasado David (2ª R. 18:3). De hecho, fue uno de los pocos reyes del sur que hicieron lo que le agradaba a Dios.

El conocía a su Dios, confiaba en el Señor, Dios de Israel. Había buscado la ayuda del Señor (2ª R. 19:16) y Dios le había respondido al librarlo del rey Senaquerib de Asiria (2ª R. 19:35).

Ahora, estaba recibiendo la visita del profeta Isaias. “Pon tus asuntos en orden porque vas a morir. No te recuperaras de esta enfermedad” (2ª R. 20:1). ¿Como reaccionaria usted ante esta noticia? Le quedaba poco tiempo a Ezequias. ¿Qué hacer?

Dice la Palabra del Señor que “cuando Ezequias oyó el mensaje, volvió su rostro hacia la pared y oro al Señor: acuérdate oh, Señor, que siempre te he sido fiel y te he servido con singular determinación, haciendo siempre lo que te agrada; y el rey se echo a llorar amargamente” (2ª R. 20:2).

La verdad que no se que usted haría, pero yo muy probablemente hubiera hecho lo mismo que el rey Ezequias; orar. No podemos nosotros mover la mano del Señor, pues El es Dios Todopoderoso sentado en autoridad.

Y desde esa autoridad y majestad, esta siempre dispuesto a escucharnos y por su fidelidad y misericordia nos responde. “He oído tu oración y he visto tus lágrimas. Voy a sanarte y en tres días te levantaras de la cama e iras al templo del Señor” (2ª R. 20:5).

Si algo podemos aprender de este pasaje es que Dios es fiel y escucha nuestras oraciones, y que a pesar de haber dado una Palabra de muerte; en su amor y soberanía la puede cambiar y extender la vida conforme a su voluntad para que vivamos una vida que le agrade a Él, conforme a sus propósitos.

La muerte sigue siendo para muchos un misterio a pesar de las promesas del Señor; “les digo la verdad, todo el que obedezca mi enseñanza jamás morirá! (Jn. 8:51).

Enfoquémonos en vivir cada día que el Señor nos da en plenitud de gozo, agradecidos por no solo tener vida de este lado del cielo; sino por su promesa de vida eterna por medio de Cristo Jesús nuestro Señor (Ro. 6.23).

Oremos.

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