Madurez espiritual es pensar antes de actuar

CoPastor Eric Henry
CoPastor Eric Henry

Romanos 14:14-19

Vivimos en una generación marcada por la inmediatez. Las redes sociales nos han acostumbrado a reaccionar rápido, hablar rápido y publicar rápido. Muchas veces se actúa primero… y se piensa después. Incluso dentro de la iglesia, esto puede reflejarse en comentarios, decisiones, actitudes y acciones que, aunque quizá no parezcan malas, terminan afectando a otros.

Hace algún tiempo, un líder cristiano compartió en redes sociales una publicación realizando algo que para él no representaba pecado. Sin embargo, para algunos creyentes recién convertidos o luchando con ciertas áreas de su vida, aquello se convirtió en un tropiezo espiritual. Lo que para uno era libertad, para otro fue confusión.

Ese es precisamente el tipo de situación que el apóstol Pablo aborda en Romanos 14. La iglesia en Roma estaba enfrentando discusiones relacionadas con comidas, costumbres y prácticas religiosas. Algunos creyentes consideraban ciertas cosas incorrectas, mientras otros entendían que en Cristo tenían libertad. El problema no era solamente la comida; el problema era la actitud del corazón.

Pablo enseña que la madurez espiritual no consiste simplemente en saber qué está permitido, sino en aprender a pensar cómo nuestras acciones afectan a los demás.

“Yo sé, y confío en el Señor Jesús, que nada es inmundo en sí mismo…”
Romanos 14:14

Con estas palabras, Pablo reconoce que hay cosas que no son pecado en sí mismas. Sin embargo, inmediatamente añade que debemos considerar la conciencia y la fe del otro. La verdadera madurez no vive preguntando únicamente: “¿Puedo hacerlo?”, sino también: “¿Esto edifica?”, “¿Ayuda a alguien?” o “¿Puede convertirse en tropiezo para otro?”

La cultura actual impulsa a defender derechos personales y libertades individuales. Pero el Evangelio nos llama a algo más alto: caminar en amor.

“Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor…”
Romanos 14:15

Pablo deja claro que una persona puede tener la razón y aun así actuar incorrectamente si no lo hace con amor. La madurez espiritual no se trata de imponer conocimiento, sino de cuidar corazones.

Esto sigue siendo muy práctico para la iglesia de hoy. Nuestras palabras, publicaciones, bromas, actitudes y decisiones pueden influir positiva o negativamente en quienes nos rodean. Hay personas luchando en silencio, creyentes nuevos intentando afirmarse en la fe y corazones sensibles que necesitan ser fortalecidos, no heridos.

Por eso, Pablo recuerda qué es realmente importante en el Reino de Dios:

“Porque el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.”
Romanos 14:17

Muchas veces los creyentes terminan enfocándose en debates secundarios, preferencias personales o diferencias de opinión, olvidando lo esencial: reflejar el carácter de Cristo. El Reino de Dios se manifiesta en justicia, paz, amor y gozo producido por el Espíritu Santo.

La madurez espiritual se evidencia en la capacidad de pensar antes de actuar. Antes de hablar, antes de reaccionar, antes de publicar y antes de ejercer nuestra libertad, debemos preguntarnos si nuestras acciones glorifican a Dios y edifican a otros.

Pablo concluye este pasaje diciendo:

“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.”
Romanos 14:19

La iglesia necesita creyentes maduros, personas que no solo conozcan la Palabra, sino que también aprendan a vivirla con amor, sensibilidad y sabiduría.

Ser maduros no significa ser perfectos. Significa aprender a vivir pensando no solamente en nosotros mismos, sino también en el bienestar espiritual de quienes caminan a nuestro lado.

Porque al final, la verdadera madurez espiritual se refleja cuando decidimos actuar con amor antes que con impulso.

 

 

Oración final

Señor, ayúdanos a crecer en madurez espiritual. Danos sabiduría para pensar antes de actuar, hablar y decidir. Que nuestras palabras y acciones edifiquen a otros, reflejen el amor de Cristo y traigan paz a quienes nos rodean. Forma en nosotros un corazón humilde, sensible y guiado por Tu Espíritu.
En el nombre de Jesús, amén.

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