Ro. 12:6-16
Servir al Señor es un privilegio. Dios es todopoderoso y no necesita de nuestra ayuda. El se place en tenernos en cuenta para su obra, dándonos propósito y vida abundante.
El apóstol Pablo indica que “Dios, en su gracia, nos ha dado dones diferentes para hacer bien determinadas cosas…” Significa que nosotros no hemos hecho nada por recibir determinado don; es pura gracia del Señor en dárnoslo para el funcionamiento del cuerpo de Cristo, la iglesia.
Los dones espirituales son dados por Dios al creyente. No son dones o habilidades naturales, tampoco son capacidades que una persona desarrolla con el tiempo. Son regalos especiales que da el Espíritu Santo al creyente cristiano para servir a Jesús y a la iglesia.
Todos los creyentes hemos sido llamados por Dios a servir en la Iglesia y en el mundo. Todo creyente cristiano es un servidor y tiene el llamado a ministrar. Este ministerio tiene que ver con hacer discípulos de Cristo en todas las naciones y poblar el cielo con gente que adora al único y verdadero Dios. Todos tenemos parte en esta labor (1ª Pe 2:5-10).
Pablo nos menciona algunos de los dones que el Señor nos puede dar (profecía, servicio, maestro, animar a otros, dar, liderar, mostrar bondad a otros) Ro. 12:6-8. Dios obra en diferentes maneras y diferentes situaciones requieren diferentes dones. Dios determina cual don otorgar a cada persona y para cada una de las situaciones.
Es posible que Dios opere en el transcurso del tiempo con diferentes dones en una persona, dependiendo de las circunstancias y las necesidades. Nuestra responsabilidad es estar dispuestos a ser usados por Dios (1ª Co. 12:11).
Pablo nos anima a no olvidarnos de amarnos unos a otros con un afecto genuino. Nos anima también a trabajar con esmero y servir al Señor con entusiasmo (Ro.12:10-11).
Debemos tener paciencia en las dificultades y seguir orando (Ro. 12:12); ayudar a los hijos de Dios cuando pasen necesidad y ser hospitalarios (Ro.12:13). Acompañarnos en los momentos alegres y tristes, vivir en armonía y nos recuerda “y no piensen que lo saben todo”. (Ro.12:15-16).
Podemos concluir que el uso de los dones es para dar gloria a Dios y no son para la gloria nuestra. Usemos los dones con responsabilidad y para servir con ellos a Cristo y a su Iglesia.
Oremos