Dios no hace acepción de personas

Pastor Julio Bolivar
Pastor Julio Bolivar

Ro. 2: 1-11

 

En ocasiones podemos caer en querer compararnos con los demás; juzgamos al considerar que no somos tan malos como otros o que sabemos más que otros. Podemos pensar cosas como: ¿Porque será que le va mejor a otros que a mí? Si soy hijo/hija de Dios; estos impíos ni van a la iglesia y no tienen los problemas que tengo yo.

 

Es una actitud que también se daba en los tiempos de Pablo y que confronto con la sabiduría que solo da el Señor y que nos sirve de guía a nosotros hoy.

 

Haces lo mismo.

El Apóstol Pablo nos confronta a no juzgar a la ligera, ni tratar de dirigir a otros a hacer lo recto mientras que fallamos en corregir nuestra propia mala conducta. Antes que la iglesia procure ejercer influencia en el mundo para que lleve una vida mejor, debe someterse a sí misma al escrutinio del reflector divino y reformarse conforme a la voluntad de Dios.

 

Pablo dejo claro que sin duda Dios va a juzgar los pecados de la humanidad. El judío podía sentirse orgulloso porque sabía más acerca de Dios que los gentiles. Él había recibido la ley de Dios. Pero Dios no está preocupado por cuanto conocimiento podrían tener en comparación con los paganos; sino en la obra de Dios en nuestro corazón que se debe manifestar en dar fruto.

 

La Palabra nos enseña lo bondadoso, tolerante y paciente que es Dios con nosotros y que nos guía a arrepentimiento para abandonar el pecado (Ro. 2:4); sin embargo, se plantea como una pregunta ante la terquedad del hombre (Ro. 2.5).

 

Se acerca el justo juicio de Dios.

Dara vida eterna a los que siguen haciendo el bien, pues de esa manera demuestran que buscan la gloria, el honor y la inmortalidad que Dios ofrece (Ro. 2:7). Pero derramara su ira y enojo sobre los que viven para sí mismos, los que se niegan a obedecer la verdad y, en cambio viven entregados a la maldad (Ro. 2:8).

 

Dios no muestra favoritismo (no hay acepción de personas para con Dios).

La palabra acepción (acto de preferir a una o más personas en comparación con, o detrimento de otras). No hay favoritismo en el Señor. Tanto judíos como gentiles vamos a ser juzgados por el Señor por igual, con justicia; por un Dios que es justo y soberano.

 

La única esperanza del hombre es arreglarse con Dios antes del juicio. Arrepentirnos y vivir conforme a su voluntad y bajo la guía del Espíritu Santo. Sin esta reconciliación todos los hombres serán juzgados por sus pensamientos (Ro. 2:16), palabras (Mt. 12:36), y hechos (Ap. 20:12). Esto sucederá así “porque no hay acepción de personas para con Dios”.

 

El juicio de Dios es una realidad y debemos tener una clara comprensión de esta. La bondad y el amor de Dios se refleja, al darnos la solución para aprobar pasar ese juicio con relevancia eterna a través de una vida transformada en Cristo Jesús para hacer el bien y no el mal. No es solo conocimiento; sino un corazón rendido al Señor.

 

Oremos

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