Reconociendo que Jesús, es Dios hecho carne

Pastor José Calame
Pastor José Calame

Jn.12.12-26.

Introducción

Es vital que hoy reconozcamos que Jesús es Dios, hecho carne.

Escenario. Durante Su ministerio terrenal, el Señor Jesús, una y otra vez, aseguró que había venido del Padre y que hacía y decía las cosas que le había comunicado, Jn.1.1-5; 9.35-38. Los evangelistas Mateo y Lucas, dejan evidenciado el nacimiento profetizado del Mesías, con detalles impresionantes y extraordinarios de tal ocasión, lo cual recuerda y celebra la mayor parte de la humanidad durante las fiestas de diciembre.

En la última semana, Jesús cumplió deliberadamente las profecías mesiánicas, que se encuentran presentes en el libro de los Salmos y los Profetas, en particular, el libro de Isaías, Is.53. La entrada triunfal en Jerusalén, que tuvo lugar el domingo antes de la crucifixión, constituyó la escenificación de una parábola, a través de la cual el Maestro proclamó su condición de Mesías; ella representó la consumación de la profecía de Zacarías 9.9 hasta sus más mínimos detalles.

Se hace evidente una vez más, cuánto difieren los caminos de Dios y de los hombres. Los judíos esperaban que un rey conquistador de gran fama y renombre, llegara y liberara a Jerusalén de la bota romana, al frente de un poderoso ejército. En su lugar vieron a un pobre y humilde rabino que cabalgaba sobre un asno rodeado por una multitud de campesinos. No parecía un conquistador, pero una semana más tardes se había levantado de entre los muertos, luego de vencer a la muerte y el infierno; de hecho, antes de padecer por nosotros, habló a sus discípulos y les animó a seguir en el camino, aunque les predijo tiempos difíciles por delante, pero los confortaba afirmando que Él ya había vencido al mundo, Jn.16.33. ¡Tengamos cuidado de nuestras expectativas!

Los peregrinos que había venido a celebrar la Pascua, habían oído de la resurrección de Lázaro y estaban convencidos de que Jesús era el Mesías prometido. Así que lo acompañaron a la ciudad, gritando alabanzas a Dios y cantando el Sal.118.25-26; podemos estar más que seguros que entre la multitud la familia y los amigos de Lázaro iban alabando a Jesús.

Jesús, el Mesías. Desde las antiguas escrituras, había conocimiento en medio del pueblo hebreo, que el Mesías, era Dios mismo hecho carne. Isaías en su revelación sobre el sufrimiento del Salvador, comparte detalles de las implicaciones de su padecimiento, Is.53. Al menos, ocho siglos antes, el profeta se refirió de una forma increíblemente certera a los hechos de la crucifixión, pero más importante aún, habló del propósito de la cruz. Cristo cargó algo más que nuestros pecados en Su sufrimiento y muerte. La paga del pecado es muerte, Ro.6.23; pero Cristo se entregó con el fin de sufrir como lo hizo para expiar nuestras culpas, recibió el castigo, siendo inocente. La expiación de nuestros pecados constituye nuestra mayor necesidad, pero Dios, al enviar a Su Hijo a sufrir y morir, provechó más que una forma de escapar del juicio. Sabe qué significa expiar: padecer el castigo por los pecados, con lo cual se eliminan los efectos del pecado y el pecador arrepentido puede reconciliarse con Dios. Dispuso el inmediato comienzo de una vida abundante y la creación o nacimiento de una nueva criatura, nacida no por voluntad humana, sino por el poder de Dios, Jn.1.12-13; 2Co.5.17.

Jesús redefinió el significado de su inminente muerte; los sufrimientos y particularmente la muerte que le aguardaba eran la ocasión más propicia para que el Padre se glorificara, Jn.4.34; 5.30; 6.38-39.

No tenía una agenda personal de aspiraciones, logros y metas por cumplir, tan sólo deseaba con todo Su corazón, agradar al Padre. Con propiedad, la voz desde el cielo dijo el día en que Juan lo bautizaba, que era el Hijo de Su complacencia, Mt.3.17.

Desde la eternidad, habían convenido en el plan de rescate, Él era el único Salvador y nosotros los humanos, los rescatados. En otras palabras, en el centro de la acción y el mensaje del Reino está la cruz; no se puede “bypasear”. No hay cristianismo sin la vergüenza y el sufrimiento de la cruz; en otras palabras, Jesús es un auténtico héroe.

Siendo que lo entregó todo, Él nos pide que nos rindamos totalmente a Sus pies, porque Él es el Mesías.

Conclusión. ¿Rendiremos a Jesucristo nuestros corazones? Oremos

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís.”

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