VIVIENDO EN EL TEMOR DE DIOS

1Samuel 2:12-26

José Calame, Pastor

Introducción
Los hombres que buscan a Dios, debemos servirle con temor y temblor.
La Historia. Este y otros pasajes semejantes son uno de los más tristes en la historia bíblica. Durante el tiempo en que la gente hacía lo que mejor le venía en gana, esta estructura de pensamiento, se tradujo en una forma de vida. Al final, somos lo que pensamos (Pr.23: 7a) de ahí, la importancia de ser transformados en nuestra forma de pensar, para que nuestra forma de vivir cambie, no conformándonos a la estructura de pensamiento de este mundo sin Dios (Ro.12:2). Esto es de suma importancia, ya necesitamos entender que hemos sido llamados por Dios como real sacerdocio, nación santa; porque somos pueblo adquirido por Él (1P.2:9). Esto no se trata de posiciones en la estructura organizacional, sino de nuestra posición en el Cuerpo de Cristo. Esta forma de vida se filtró en la clase sacerdotal.

Se supone que los hijos de Elí eran hombres consagrados al servicio de Dios, en el sacerdocio, pero resultaron ser hombres impíos sin temor de Dios (1S.2:12-26). La conducta perversa de los hijos de Elí, al pasar de los años, contrastará con la creciente espiritualidad de Samuel, en los párrafos y capítulos subsiguientes. El escritor de la historia especifica las violaciones de Ofni y Finees, hijos de Elí, a la Ley mosaica, la cual especificaba la porción que pertenecía a los sacerdotes (Lv.7:29-34) y la que indicaba que la grasa o grosura debía quemarse primero. La violación de estas normas fue la causa de que el pueblo terminara menospreciando las ofrendas del Señor. Una vez más, la influencia del liderazgo, es vital.

En ocasiones, no hacemos conexión entre mi relación con Dios y mis otras relaciones; al menospreciar la relación con Dios, se vieron afectadas todas las demás, a tal punto que, teniendo esposa con quien debía tener un voto de fidelidad, se acostaban con mujeres que cuidaban las puertas del templo (se dedicaban a las labores manuales) 1S.2:22. De hecho, el estar en malos términos con nuestros semejantes, es una señal que nuestra relación con Dios no está bien. La advertencia del padre no es escuchada, si alguno peca contra otra persona, Dios le servirá de árbitro; pero si peca contra el Señor, ¿quién podrá interceder por él? ¡Eran hombres incorregibles!
El Temor al Señor y la Corrección Están Ligados. La palabra enseña que el principio de la sabiduría es el temor al Señor (Pr.1:7); que guardar sus mandamientos es el todo del hombre (Ec.12:13). Hay una necesidad real que seamos corregidos por Dios y que corrijamos a otros por amor a Dios y a ellos mismos. El proverbista agrega, que con misericordia y verdad se corrige el pecado y con el temor de Jehová los hombres se apartan del mal (Pr.16:6).

Los hijos de Elí no escucharon al padre y terminaron muertos. Notemos con cuidado, que ejercían la “función sacerdotal,” sabían los elementos externos del trabajo, pero desconocían por completo, al Dios, a quien decían servir. Habían sobrepasado los límites de la tolerancia divina, por lo cual, este es un severo ejemplo de la administración de la justicia divina en casos individuales, como una anticipación tal vez, del juicio final en los tiempos postreros. El mismo Elí, murió de forma tan triste producto de no honrar a Dios primero, antes que, a sus hijos (1S.2:29-30). Hay una urgente demanda de enseñar a nuestros hijos biológicos y a los hijos espirituales, el temor a Dios. La reverencia de las cosas sagradas en medio de una sociedad, en donde esta palabra y la práctica de la misma, es obsoleta y anticuada.

Es indudable el contraste entre la falta de un carácter santo de los hijos de Elí y la rectitud del juez que el Dios estaba levantando. Iba creciendo y era acepto delante de Dios y delante de los hombres; lo mismo se dice de Jesús en Lucas 2:52.

Conclusión.
¿Estamos sirviendo a Dios con temor reverente?

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