UN PLAN FAMILIAR SIN PAR

La FamiliaHoy día son muchos los que plantean que la familia, tal cual la presenta la Biblia, está en vías de extinción y que sus lineamientos sobre las relaciones intrafamiliares pareciesen anacrónicos en nuestro tiempo. Pero la verdad es otra. Entre más nos alejamos de los principios bíblicos, más alto precio pagamos no sólo en cuanto a la desintegración familiar sino en la resultante degradación de los valores morales y la calidad de vida de nuestras comunidades que caen víctimas entonces de todo tipo de males sociales. No, el plan de Dios para la familia sigue siendo el mejor plan… el único que trabaja generación tras generación. A final de cuentas, son las “instrucciones del fabricante” quien sabe mejor que nadie lo que necesitamos para nuestra plena realización.

Pablo nos confronta con el modelo divino de relaciones interpersonales, basado en la mutua sujeción (Efesios 5:21) resultante del tener los mejores intereses de los demás miembros de la familia como nuestra más alta prioridad—por encima de los propios (Filipenses 2:3-4). Es sobre esta premisa que se basa el plan de Dios para nuestras familias que abarca a todos los miembros de la misma:

 1. A la esposa, a la que llama a ver en su esposo la cabeza del hogar (Efesios 5:23a). Esto no implica ser el “mandamás” sino el pastor del hogar, el responsable ante Dios por la salud tanto física, emocional como espiritual de toda la familia. Esto emula la manera en que Cristo, siendo cabeza de la Iglesia, es responsable de su bienestar (Efesios 5:23b). La sujeción de la esposa no implica la anulación de su personalidad ni la negación de sus dones particulares, sino el reconocimiento de que los propósitos de Dios para su familia no pueden desarrollarse dentro de un hogar con múltiples polos de dirección sino bajo el liderazgo de una sola persona, su esposo. Por esta razón, dicha sujeción se expresa en el respeto de aquel sobre quien Dios ha delegado tal carga (Efesios 5:33b).

 2.  Al esposo, a quien llama el Señor a amar a su esposa de una manera comprometida y sacrificial, al igual que Cristo, amando a su Iglesia, estuvo dispuesto a dar su vida en rescate por ella (Efesios 5:25). Pablo plantea que al constituir la pareja un nuevo núcleo familiar, vienen a ser un solo y nuevo cuerpo (Efesios 5:31), el cuidado que el esposo tenga por su esposa no es más que el natural que debiera dar a su mismo cuerpo (Efesios 5:28)—i.e., una forma práctica de amarse a sí mismo (Efesios 5:33a). El énfasis apostólico sobre el amor que el marido debe a su esposa nos indica la motivación que debe guiar al esposo en el desarrollo de su relación con su cónyuge, especialmente cuando Pedro se refiere a ella como “vaso más frágil” (1 Pedro 3:7). Cabe notar que amar más que “dar cosas” es darnos a nosotros mismos: nuestro tiempo, nuestra atención, nuestras caricias y nuestra prioridad.

 3.  A los hijos les llama a obedecer a sus padres como expresión filial de la sujeción (Efesios 6:1), haciendo referencia a la bendición que estableció Dios para aquellos que honran a sus padres (Efesios 6:2-3) en cumplimiento del mandamiento divino. Por otro lado, esta obediencia debida no debe ser convertida en instrumento de abuso por parte de los padres, quienes son a su vez desafiados a criar a sus hijos en apego a los principios de vida cristiana (Efesios 6:4) y no simplemente en función de su experiencia previa en la vida.

 No podemos perder cuando nos apegamos a Dios y a su Palabra. Tal vez por un tiempo experimentemos las dificultades propias de un cambio de dirección, pero si nos atrevemos a creerle a Dios y poner su Palabra por obra en lo que respecta a nuestras familias… ¡veremos a Dios bendecir nuestros hogares!

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