UN PADRE MARAVILLOSO

logo-cfc Al querer honrar a nuestros progenitores, no podemos menos que reconocer no sólo la grandeza del amor de Dios como Padre sino también lo maravilloso de su misericordia sobre cada uno de nosotros, miembros de la familia de la fe. Creemos que es atinado enfocar al Padre Celestial, de quien toma nombre toda familia en la tierra (Efesios 3:14-15), para resaltar lo que debe ser no sólo modelo a imitar por todo padre terrenal sino por todos nosotros que hemos sido hechos parte de su familia.

 Aunque muchos de nuestros padres terrenos fueron hombres ejemplares y dignos de honra que supieron corregirnos para que llegásemos a ser personas de bien (Hebreos 12:9a), no es menos cierto que todo modelo humano palidece al compararlo con Dios. Fue Jesús quien animó a sus discípulos a orar a Dios llamándole “Padre nuestro” (Mateo 6:9a), algo que aunque para muchos haya llegado a ser mero formulismo litúrgico, tiene serias implicaciones para nosotros. El apóstol Pablo nos llama a reconocer algunas bendiciones especiales de las que nuestro Padre Celestial nos ha hecho partícipes.

1. Pablo afirma que somos templos del Dios viviente (2 Corintios 6:16b), lo que es consistente con las palabras de Jesús a la mujer samaritana en torno al lugar en el que Dios estaba queriendo ser adorado y la manera en que tal adoración debería ser realizada (Juan 4:21-24). Esto implica que Dios ha decidido soberanamente habitar en medio nuestro. Si bien Jesús fue llamado Emmanuel (Dios con nosotros) debido a su encarnación, ahora el Padre mora en nosotros por medio de su Espíritu Santo. A Dios le agrada no sólo habitar sino moverse—realizando sus obras portentosas y misericordiosas—en y a través nuestro. El Señor está a la distancia de una oración… en realidad está a nuestro lado (Mateo 28:20b). ¡Qué tremendo saber que Señor Todopoderoso (2 Corintios 6:18b) esté interesado a tal nivel en nuestras vidas que quiera hacer de nuestras vidas su verdadero templo! De igual manera, apreciemos a nuestros padres terrenales que supieron estar a nuestro lado en los difíciles momentos mientras crecíamos y madurábamos.

2. Como quiera que nuestro Dios es tres veces santo, nos llama a vivir de manera consistente con dicha naturaleza que hemos heredado al venir a formar parte de su familia (1 Pedro 1:16). Esta vida santa tiene implicaciones específicas: somos llamados a salir de en medio del mundo en el que Él nos encontrase y llamase (2 Corintios 6:17). Esto no implica cortar nuestra relación con la comunidad—a la que somos llamados a servir y tocar con el amor de Dios (Mateo 5:13-16)—sino a vivir de manera distinta a la manera de quienes no conocen ni han entregado sus vidas a Jesús. Ya que en Cristo hemos nacido de nuevo al reino de los cielos (Juan 3:3), nos toca mantenernos en pureza para agradarle. El llamado a no tocar lo inmundo, más que una referencia a la pureza ceremonial tan familiar a los judíos del primer siglo, se refiere a abandonar la vida dirigida por las pasiones pecaminosas. De igual manera, apreciemos a quienes, siendo nuestros progenitores terrenales, nos dieron testimonio de vida íntegra y agradable a Dios.

 Cuán maravilloso es saber que tenemos un Padre Celestial que no solo está al tanto de cada una de nuestras necesidades sino que también disfruta de nuestra compañía… nuestro Dios es un Padre fuera de serie y nos ha regalado padres terrenales que luchan por parecerse a Él. ¡Gloria a Dios!

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