SOLO POR GRACIA

Raúl Irigoyen, Pastor

Éx. 33:12-23; Ef. 2:1-10.

Introducción

Entendiendo la gracia de Dios.

Desde la Antigüedad la gracia de Dios, sostiene. Al salir las tribus de Israel de Egipto, luego de 400 años de cautiverio, era importante la guía de Dios para lo nuevo que vivirían. Tal vez el pueblo estaba contento y con razón, sólo por el hecho de salir luego de ver la mano de Dios a su favor luego de juzgar a Egipto con las diez plagas (Éx.7-12:29). Pero Moisés, por su formación, sabía que solamente habían completado tan solo una parte del gran desafío que tenía por delante. El camino no sería en línea recta del punto A al punto B, sino que sería toda una escuela para ellos, incluyendo al gran líder.

Luego que el pueblo hubo formado y adorado al becerro de oro fundido, Moisés toma acciones drásticas contra los ofensores y se presenta delante de Dios, para interceder por el pueblo (Éx.32:19-35). En la historia de Israel este es un punto de quiebre, donde se define todo el futuro de ellos como nación y la continuación de los planes del Señor. Es evidente que los planes del Señor era que continuaran adelante, a pesar de sus pecados. Ahora, Dios les juzga y castiga, pero no les desecha. En la presencia de Dios, Moisés utiliza la palabra que para muchos no es entendida y para otros, malinterpretada: gracia. Moisés, repitiendo lo que había escuchado por boca del Señor, le habla acerca de la gracia que ha hallado ante sus ojos (Éx.33:12). Es interesante el diálogo que Moisés sostiene con el Señor, ya que asocia el hallar gracia delante de Sus ojos, con el hallar descanso. Si de eso se trata, Moisés pide que no los saque de ese lugar (Sinaí), si Su presencia no habría de ir con ellos.

Mucho más adelante en la historia de la nación de Israel, Dios afirma que el pueblo que quedó luego de la cautividad, el remanente, halló gracia en el desierto; haciendo alusión al éxodo de Egipto. Y es que luego de regresar de la cautividad, Dios restauraría al pueblo en una sola nación, los del norte y los del sur; porque con amor eterno, les ha amado y le prolongó Su misericordia (Jer. 31:2-3).

 Su gracia continúa hoy. Muchos siglos después, Dios continúa con Su plan de salvar al hombre. Ya no sólo al judío, sino que también a los gentiles, haciéndonos partícipes de las promesas hechas al pueblo escogido. Por medio del apóstol Pablo, explica la condición espiritual del hombre sin Dios. El hombre sin Dios, no tiene temor reverente, por lo tanto, continuamente viola las normas espirituales y morales dadas por un Dios santo. Estando en esta condición, “nos dio vida juntamente con Cristo, por gracia sois salvos” (Ef. 2:5-6). Detengámonos aquí por unos minutos; tres aspectos fundamentales de esa gracia que señalan nuestra unión con Jesucristo: 1. Nos resucitó. 2. En su ascensión y 3. Nuestra posición a la diestra del Padre. Todo para mostrar en los siglos que vienen, las abundantes riquezas de Su gracia. Gracia, habla de la inmerecida bondad por la cual nos es dada la salvación, o sea un favor; pero también es la poderosa palabra que describe también la fuerza en que opera el Espíritu Santo en aquellos que se rinden a Su señorío

No existe forma de tener acceso a esta gracia por obras, en otras palabras, por esfuerzo personal, con el fin que nadie pueda gloriarse o ensalzarse así mismo (Ef. 2:8-9). Seguidamente pasa a explicar la razón y la fuente de las “obras” que hacemos hoy en el nombre del Señor. La razón por la cual hacemos para Dios lo que hacemos, es porque somos hechura suya. Hemos sido formados por Dios como nuevas criaturas, cuando aceptamos a Jesús como Señor y Salvador (2 Co. 5:17). Como parte de nuestra novedad de vida, es natural que accionemos por medio de buenas obras, es parte de nuestro nuevo ADN. Esas obras, ya fueron preparadas de antemano por Dios.

Conclusión. ¿Nos sometemos bajo Su gracia?

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