Sólo la Escritura

Josè Calame, Pastor
1 P. 1:22-25
Introducción
Necesitamos alimentarnos de la Palabra de Dios.

El poder regenerador de la Palabra de Dios. Exactamente igual a como debemos nuestra existencia natural a la palabra hablada del Creador y al aliento de vida que insufló en nosotros, así también nuestro nuevo nacimiento se debe a la Palabra de Dios y a la activación del poder del Espíritu Santo que actúa convenciendo al mundo de pecado, juicio y justicia (Jn.16:8). La intención en cuanto a Su diseño al crearnos, se cumple plenamente sólo cuando nuestros espíritus se vivifican en Su presencia; de allí la necesidad de acudir a Él en todo momento y tiempo, sólo Dios da vida integral o completa. Ahora, sabemos que el pecado ha producido muerte espiritual (Ef.2:1-3), pero la salvación en Cristo Jesús ha provisto vida espiritual (2 Co.5:4; Ef.2:5).
Este pasaje en la Epístola de Pedro, nos dice que la “semilla” que ha producido nueva vida en nosotros es la Palabra de Dios, la cual nos ha hecho nacer de nuevo por el poder del Espíritu Santo. Pablo, le explica a Tito en Tito 3:4-5, que la renovación, una palabra que en griego significa: restauración, transformación y un cambio de corazón y de vida; están incluidas en la salvación que ofrece por medio de la fe en Jesucristo. En otras palabras, la salvación es el conjunto del resultado del lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo. Este nuevo nacimiento, nos ha hecho también miembros de la nueva creación de Dios (2 Co.5:17); por tanto, la posición de estar “en Cristo” es la expresión más característica que usa Pablo sobre lo que significa ser un cristiano. La muerte y la resurrección de Cristo y nuestra identificación con Él por medio de la fe, hace posible que cada uno de nosotros se convierta en una nueva criatura, siendo así, nuestra relación con Cristo modifica todos los aspectos de la vida: personal, familiar, laboral, comunitario y eclesiástico.
El poder de la Palabra de Dios, se manifiesta por encima de todas las cosas en esto: da vida espiritual a todos los que reciben su verdad. En Santiago 1:18 se afirma que “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” Lo que significa que el más grande de los dones que Dios nos concede es la regeneración, lo cual lo lleva acabo por medio de la palabra de verdad. El propósito de Dios es presentar a los creyentes como primicias de sus criaturas (los primeros frutos constituían un anticipo de la próxima cosecha).

Regeneración. Un muy buen sinónimo para entender esta expresión bíblica es “restauración” y/o “renovación”. Dios tiene un plan y un diseño desde el cual se relaciona con el hombre. Éstos fueron alterados cuando el hombre decidió desobedecer a Dios y creer la mentira de Satanás. Desde el punto de vista profético, todas las cosas serán restauradas cuando Cristo, establezca Su reino eterno y pleno (Ap. 21:1-8). Así es en la práctica, Dios mismo por medio de Su Santo Espíritu, nos trata, enseña, corrige, guía con el propósito que seamos hechos a la imagen y semejanza del varón perfecto (Ef. 4:13; 2 Ti.3:16).
Es necesario entender entonces, que mientras llega el cumplimiento de la regeneración plena de todas las cosas, debemos cada creyente, hijo o hija de Dios, prestar atención, desear fervientemente ser renovados por Dios. En Romanos 12:1-2, Pablo nos anima, luego de entender las bendiciones que tenemos en Dios por medio de la persona de Jesucristo, a no conformarnos con los esquemas, formas y maneras del presente siglo, sino renovar nuestro entendimiento. Debemos entender que este mundo no quiere nada de Dios, es un mundo sin Dios; siendo así las cosas, ¿cuál debe ser entonces nuestra fuente de sabiduría y dirección?

Conclusión. ¿La Palabra de Dios es vital para nosotros?

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