SEAMOS HACEDORES Y NO SÓLO OIDORES DE LA PALABRA

 

José Calame – Pastor 

Santiago 1:21-27

Introducción

Hoy es sumamente importante vivir de acuerdo con la Palabra.

Acciones que Tomar. El apóstol, nos anima a tomar acciones en medio de la realidad en que estamos sumergidos, en medio de la tentación y las pruebas. Debemos desechar toda inmundicia y malicia. Lo debemos hacer nosotros, tú y yo. En cambio, debemos recibir la Palabra que ha sido implantada en nosotros. Esta acción o disposición es de suma importancia, ya que debo abrir mi corazón y recibir la Palabra que Dios ha estado sembrando en nosotros. Esta actitud de humilde recepción dará frutos abundantes que honren al Señor. Entonces, el nuevo nacimiento y el posterior crecimiento espiritual ocurren en la medida que estemos abiertos y dispuestos a recibir y obedecer la Palabra de Dios.

El apóstol Pablo, en Efesios 4:22-24, también agrega luces sobre esto que Santiago escribe. El destaca el contraste entre el anterior estilo de vida, dominado por el espíritu de la desobediencia y la nueva capacidad del creyente para adoptar un nuevo estilo de vida de obediencia a Dios, gracias al poder del Espíritu Santo (Ef. 2:10; Ef.3:16).

La Salvación Induce al Servicio. Es engañoso creer que el interés de Dios en que la gente asista a la iglesia es meramente que escuchen la Palabra, llenen los templos para satisfacer los deseos de los pastores, en lugar de experimentar una transformación de sus vidas que se traduzca en ministerio, en otras palabras, servicio. Aquel que sólo escucha la Palabra, rápidamente la olvida, aquel que actúa según la Palabra será bienaventurado en lo que hace. La Palabra de Dios es la perfecta Ley, la de la libertad; no nos somete a ataduras del legalismo, sino que nos libera para que guardemos sus preceptos por convicción interna.

Es como un espejo en el cual debemos mirarnos y vernos tal cual somos, deberíamos evitar la tentación de juzgar a otros en la Palabra, analizando lo que ellos debieran hacer, en vez de lo que nosotros necesitamos hacer. En 2Corintios 3:18, se compara también a la Palabra de Dios con un espejo, pero la imagen que se proyecta es nada menos que la del Señor Jesús. La suma de los dos textos nos lleva a concluir:

a. la Biblia nos muestra la imagen de Cristo, con el fin de que,

b. podamos medir nuestra conducta y nuestro carácter a la luz de Su imagen y permitirle a Dios que nos conforme en la semejanza de Cristo (Ro.8:29).

Luego entonces, aspirar a ser puro como lo fue Jesús durante Su vida en Palestina, es una meta de cada hijo/a nacido de nuevo. En Jeremías 20:7-9 se nos muestra en parte la agonía del profeta mientras ejercía el ministerio de profetizar al pueblo de Dios; durante ese periodo, el pueblo no quería escuchar, se burla y abusa del profeta. Él intentó no volver a proclamar la Palabra, pero ella se había convertido en un fuego en su corazón y metido en sus huesos, que no pudo resistir. Sabemos que Su palabra limpia, pero también puede quemar y cortar (He.4:12).

Finalmente, el Salmos 119:9-15, nos muestra en una bella prosa, sobre el deseo del salmista de tener muy arraigado en su corazón, la Palabra de Dios, con el fin de agradar al Señor. La santidad implica confiar en el Señor y no en el mundo; mientras más caminemos junto al Señor, más nos alejamos del mundo. Por lo tanto, Dios quiere nuestros corazones, no sólo el tributo verbal y desea que nuestros sentimientos le pertenezcan exclusivamente. Para esto debemos desarrollar hábitos de disciplina que conduzcan a este tipo de vida, lo que debe ser una prioridad para nosotros.   si alguno se cree religioso, debemos prácticas algunas cosas: refrenar nuestra lengua, no hablar tonterías ni sandeces, visitar a los huérfanos y a las viudas (los vulnerables de la sociedad) y guardarse sin mancha del mundo.

Conclusión.

¿Viviremos de acuerdo con lo que enseña la Palabra?

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