RELACIONÁNDONOS CON NUESTROS HIJOS

 

No cabe duda que los padres podemos discernir el llamado o vocación de Dios para la vida de nuestros hijos (Proverbios 22:6), pero lo que hagamos con ese discernimiento habrá de resultar clave en el desarrollo del propósito de Dios en ellos.  Veamos algunos  ejemplos bíblicos:

Elcana y Ana con Samuel: Ana se dio cuenta de que su primogénito era un niño especial y que le había sido otorgado con propósito, lo que motivó que fuese dedicado al servicio de Dios en el santuario desde muy temprana edad (1 Samuel 1:19-28). Sus padres le brindaron todo su apoyo mientras crecía (1 Samuel 2:18-20), no solamente con cosas materiales sino con sus visitas. No cabe duda que el testimonio de sus padres—en especial de Ana—permitió a Samuel crecer en su relación con Dios a pesar del mal testimonio de Elí y sus hijos (1 Samuel 2:12, 3:11-14). ¿Habrá alguna palabra ó impresión que Dios  nos haya hecho saber con respecto a nuestros hijos? ¿Qué hacemos nosotros para afirmarla en nuestros hijos?

Manoa y su mujer con Sansón: Ellos estuvieron conscientes del llamado colocado sobre el muchacho desde antes de su concepción y nacimiento (Jueces 13:2-5). Sin embargo, pareciera evidente que su actitud hacia Sansón fue más bien permisiva…lo que quedó evidenciado por las malas escogencias del muchacho en cuanto a honrar su voto nazareo—se contaminó con el cadáver del león y con los cadáveres de los filisteos al desnudarles de sus mudas de ropa—y en su gusto por las mujeres extranjeras en contra de los mandamientos divinos para su pueblo. ¿Cómo modelamos la vida cristiana a nuestros hijos para que puedan llegar a cumplir con el propósito de Dios para sus vidas? ¿Cómo pensamos que la instrucción bíblica sin la vivencia modelada afectará la vocación de nuestros hijos?

La Observación y la Acción de los Padres: Es deber y privilegio de los padres el observar y discernir algo del plan de Dios para sus hijos expresado en sus aptitudes y habilidades. El proverbista coloca en los padres la responsabilidad de animar y ayudar a desarrollar tales capacidades.

José y María con Jesús: Además de la concepción sobrenatural de Jesús y los eventos asociados con su nacimiento y primeros años—que probablemente nunca comprendieron del todo ni José ni María—ellos debieron haber podido observar las inquietudes del niño Jesús en cuanto a la palabra de Dios y las cosas espirituales.  Pero aun cuando lo encontraron en Jerusalén no pudieron captar su vocación (Lucas 2:46-52). Es vital que los padres pongamos atención a la manera como se desenvuelven y desarrollan nuestros hijos: ¿Qué tipo de preguntas hacen nuestros hijos? ¿Cómo podemos ayudarles a encontrar respuestas? ¿Cuáles son los sueños o aspiraciones de nuestros hijos? ¿Cómo podemos como padres apoyarles en su consecución?

El Consejo Apostólico: Pablo llama tanto a padres como a hijos a mantener el balance con propósito para la formación de los últimos. Así, llama a los hijos a obedecer a sus padres en todo, porque eso agrada al Señor (Colosenses 3:20). Y es que la obediencia es necesaria para el desarrollo de la disciplina indispensable para una vida organizada que reconoce límites y la autoridad sobre cada uno de nosotros. Pero por otro lado, también llama a los padres a no exasperar a sus hijos, para que no se desalienten (Colosenses 3:21). Al querer proyectar e imponer nuestras experiencias en la vida de nuestros hijos y de esta manera “dirigirles” a ser una imagen y semejanza nuestra, acabamos por frustrarles al obligarles a ser quienes no son. Sin querer, pudiéramos contribuir a robarles su identidad y estorbar los propósitos de Dios que debiésemos respaldar.

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