PREDICANDO LA PALABRA

Predicando la Palabra 2Timoteo 4:1-8 

José Calame – Pastor

Introducción

Tenemos el compromiso de vivir y predicar la Palabra hoy.

El Ministerio por Excelencia. El ministerio es servicio y un “ministro” del evangelio es, en primer lugar, un siervo de la Palabra de Dios que predica con audacia y valor. Alguien que atesora la Palabra y la defiende sin descanso, comunicando su verdad con absoluta fidelidad. Ahora, si sirvo entre los niños o jóvenes, matrimonios o indigentes, el desafío sigue siendo el mismo, porque no enseñamos o predicamos filosofía, literatura o historia, nuestro sustento es la bendita e inspirada Palabra de Dios.

Esta no es una tarea fácil, porque la Palabra de Dios enfrenta una oposición violenta, no sólo desafía al receptor de esta, sino también a nosotros que la compartimos. De ahí que los ministros de Dios debemos aprender que la paciencia, la energía, el amor, el valor, el trabajo duro, son necesarios para alcanzar los objetivos de la misión.

El apóstol urge al joven Timoteo acerca de la importante misión, utilizando la expresión te “encarezco” misma que se usaba en conexión con un testimonio solemne y enfático ante un tribunal. De hecho, ante un tribunal compareceremos para ser juzgados, por lo que se nos encomendó (Ro.14:10; 2 Co.5:10. Mt.12:36-37; Hch.10:42).

Ante la proliferación de falsos maestros con falsas enseñanzas, de discusiones estériles de asuntos que no contribuyen a la edificación del cuerpo, debemos tener cuidado porque los aleja del camino de la verdadera enseñanza de Dios. Pablo instruye a predicar esa Palabra, que inste a tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Todas las expresiones son fuertes, pero se hacen desde el escenario de la paciencia y la doctrina. Recordemos que la paciencia es una característica del fruto del Espíritu Santo, por lo que la motivación no es ganar uno o varios argumentos o me conozcan como el hombre espiritual, sino que la gente conozca la verdad de Dios y se vuelva a Él.

Pablo basa su apelación urgente en el hecho de que la gente preferirá las fábulas a la verdad y ante la realidad de su muerte inminente, por lo que debía garantizar que el joven líder estuviera claro de lo prioritario y no lo olvidara. No me es difícil imaginar que luego de la muerte de Pablo, Timoteo leyó y releyó esta carta muchas veces.

La Responsabilidad del Ministerio. Por tanto, la responsabilidad de Timoteo era mantenerse fiel en las tareas de su ministerio, por lo cual debe ser sobrio, soportar las aflicciones, hacer obra de evangelista, cumplir su ministerio (2Ti.4:5). Dios ha colocado en nuestras manos áreas de servicio, por tanto, la misma instrucción es para nosotros; esta es la razón por la que las Escrituras deben tener un lugar preponderante en nuestras vidas como el manual no sólo de conducta, sino también de inspiración para vivir para la gloria de Dios; recordemos que la fe viene por oír la Palabra de Dios (Ro.10:17).

Finalmente, Pablo le dice a su hijo en la fe que sabía que estaba próximo a partir y estaba listo. Se le había encomendado una tarea y la había llevado a cabo con fidelidad. Había llegado al final de su carrera de vida o había peleado la buena batalla. No significa que no tuvo pérdidas, ni que se sintió sin fuerzas o no hubiese perdido el ánimo, de hecho, en una ocasión particular, había perdido las esperanzas de salir con vida, junto con el equipo misionero (Hch.27:20). Lo cierto es que el pasado con sus muchos deberes ha sido completado, el presente está asegurado en la fe y el futuro promete la recompensa para él y a todos aquellos que amamos Su venida.

Sería tremendo llegar al final de nuestros días diciendo sino las mismas palabras, unas muy parecidas, lo cierto es que tengamos la seguridad de haber ejecutado la tarea encomendada.

Conclusión.

¿Será la Palabra nuestra inspiración para cumplir con la misión? Oremos.

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