EL GRANJERO Y SUS TRES HIJOS

 

Apreciado Lector

Al vivir en una sociedad de consumo, son muchas las veces que nos dejamos llevar por las promociones de los comerciantes que afirman con una vehemencia increíble que el cariño y aprecio se comunican mejor a través de “ese regalo especial”. Y la eficacia del mensaje queda evidenciado por las compras desenfrenadas en ocasión de fechas específicas como lo son San Valentín y Navidad. Pero la narración de hoy nos muestra un ángulo distinto a la expresión de cariño: uno más simple pero más poderoso. Ojalá sepamos valorarlo y emularlo. Que Dios les bendiga.
 
«El Capellán»
 
EL GRANJERO Y SUS TRES HIJOS
 
Cierta vez, escuché la historia de un agricultor de China que tenía tres hijos. El primer hijo llegó a ser un rico hombre de negocios, en una ciudad; el segundo hijo tenía un importante cargo en el gobierno; y el hijo menor compró un campo a muchos kilómetros de su hogar.
 
El agricultor extrañaba a sus tres hijos. Ellos no iban a visitarlo muy seguido, porque estaban ocupados y vivían lejos. Pasaron los años, y a medida que se acercaba su cumpleaños número 75, sus amigos decidieron hacerle una gran fiesta de cumpleaños. Invitaron a mucha gente, incluyendo a sus tres hijos. El granjero estaba muy emocionado.
 
El día de su cumpleaños, el agricultor se sentó afuera, esperando a sus hijos. Un carruaje se acercó por el camino. “Debe ser mi hijo mayor”, pensó el hombre. Pero era solo la esposa de su hijo.
 
“Él no pudo venir”, le dijo. “Pero le manda un regalo maravilloso: le compró una hermosa casa”.
 
El agricultor le agradeció y esperó al venir otro carruaje. Dentro de él se encontraba la esposa de su segundo hijo. Ella le dijo que su esposo lamentaba no haber podido venir, pero le enviaba un hermoso carruaje, como regalo de cumpleaños.
 
Finalmente, el viejo agricultor levantó la vista y vio a su hijo menor, con toda su familia, caminando hacia él.
 
“Papá, no pudimos traerte un lindo regalo. No nos ha ido bien con nuestra granja este año. Pero, queríamos verte y decirte que te amamos”.
 
El agricultor sonrió, y lágrimas de gozo corrieron por su rostro.
 
“Ese es el mejor regalo que podrían haberme dado”, dijo. Y juntos entraron en la fiesta.
 
Tomado de “En algún lugar del mundo”, Helen Lee Robinson (editado)

Fuente: http://huellasdivinas.com/

 

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