Palabras

 

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Creo que todos nosotros nos podemos identificar con la historia de hoy… ¡qué duro es enfrentar las consecuencias de nuestras acciones cuando estas nos ponen en aprietos!  Muchos desearíamos no haber pronunciado algunas palabras que salieron de nuestra boca y lastimaron a otros; en otras ocasiones, lamentamos haber dicho cosas que, de haberlas callado, hubiésemos salido mejor librados—como fue el caso del jugador de la historia.  Lo cierto es que sí podemos recobrar el control de nuestra lengua siempre y cuando la sujetemos a la Palabra de Dios y a Sus propósitos en nuestra vida.  
 
«El Capellán»
 
 
 
PALABRAS
 
Fue un juego de fútbol americano particularmente difícil y los nervios estaban crispados.  El equipo de casa había sido víctima de tres o cuatro decisiones arbitrales difíciles y ahora perdían ante los visitantes por un “touchdown”.  Cuando el oficial hizo aún otra decisión difícil pero contraria a favor de los visitantes, el mariscal de campo explotó.
 
“¿Cuántas veces va usted a hacernos esto en un solo partido?” gritó él.  “Usted se equivocó en la decisión sobre el “fuera de terreno”, se equivocó en la última decisión sobre “sujetando” y no dijo nada sobre un golpe a último momento en el primer cuarto”.
 
El oficial simplemente se le quedó mirando.  El mariscal de campo estaba furioso, pero  intentó suprimir lenguaje que le pudiera llevar a ser expulsado del partido.
 
“A final de cuentas”, rugió él, “¡la verdad es que usted apesta!”
 
El oficial se le quedó mirando unos segundos más.  Entonces tiró su pañuelo amarillo, se inclinó, recogió el balón y lo retrasó 15 yardas y lo colocó sobre el césped.  Se volteó hacia el encendido mariscal de campo.  “¿Y cómo huelo desde aquí?” preguntó.
 
Hay tantas ocasiones en las que es difícil “mordernos la lengua” y no decir nada.
 
La urgencia de decir “algo” parece tan abrumadora que las palabras a veces hacen erupción antes de que tengamos la oportunidad de pensarlo mejor.
 
Desafortunadamente, esas palabras tienen consecuencias.  Las ofensas menores resultan en penalidades de 15 yardas.  Las ofensas más serias resultan en años de remordimiento y dolor de cabeza, o quizá, relaciones rotas que toman años reconstruir.
 
“El verdadero sabio emplea pocas palabras; la persona con entendimiento es serena.  Hasta los necios pasan por sabios si permanecen callados; parecen inteligentes cuando mantienen la boca cerrada”. (Proverbios 17:27-28 NTV)
 
Que nuestras palabras hoy sean pocas, calmadas y cuidadosamente bien pensadas.
 
Autor Desconocido
 
Fuente: www.AllWorship.com

 

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