NUESTRA VICTORIA FINAL. (1Corintios 15:50-58)

img_20161109_18123627 de noviembre, 2016

Introducción

Debemos tener una visión con el final en mente.

La Promesa. Como parte del plan de redención que se está ejecutando, Jesucristo ha prometido que volverá nuevamente por Su pueblo. Por todos aquellos que, habiendo puesto su fe en Él, caminan conforme a esa decisión (1Ts.4:13-18).

La visión de Apocalipsis, recibida por Juan, nos da una idea de lo que finalmente estará ocurriendo con la creación y los redimidos. Dejando por fuera los muchos elementos de interpretación, debe quedar claro que la victoria final es de nuestro Dios (Ap.6:1-2).

Jesús toma el libro con los sellos que lo envuelven, siendo el único digno de soltarlos (Apc.5:1-7); el primer sello corresponde a uno que salió venciendo y para vencer, algunos interpretan que se trata de Jesucristo. Lo cierto es que no se encontró a ningún digno de desatar los sellos, hasta que apareció Jesucristo quien es totalmente digno, (Ap. 5:8-13). En lugar de un león, el emblema de la fuerza, Juan vio a un Cordero, el símbolo de la mansedumbre y la ofrenda sacrificial. El hecho de que el Cordero había sido inmolado, pero estaba vivo, muestra que había vencido. El propósito de Dios concebido para todas las edades, podía ser ahora revelado y cumplido.

Dentro de toda esta trama profética (Ap.19:11-16), nos muestra a nuestro Señor Fiel y Verdadero que juzga y pelea vs.11. Se le nombra como: “El Verbo de Dios” y como “Rey de Reyes y Señor de Señores” (Ap.19:13, 16). En ese mismo capítulo 19, vs.17-21, se describe la victoria de Jesucristo sobre la bestia, reyes de la tierra y sus ejércitos. De esta calidad y profundidad de victoria nos habla la Palabra. No se trata sólo de vencer sobre algunas tentaciones o circunstancias adversas, sino que la lucha que enfrentamos nos supera en mucho y Jesucristo es el único que puede vencerlos.

Llamados a Triunfar. En Apocalipsis 7:9-12, se describe proféticamente la profundidad de penetración que el evangelio tendrá sobre las naciones: gente de toda lengua, pueblo, tribu y nación será redimida por la Sangre de Jesucristo. Esta es nuestra “Orden del día”, no podemos perder de vista que esta es la razón por la que aún estamos de este lado del cielo, para compartir las virtudes de Aquél que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1P.2:9; Mt.28:18-20).

De la visión de los sellos que envuelven el libro de Apocalipsis 6, se desata el séptimo y último de los sellos, el cual da inicio a la aparición en escena de las siete trompetas que no son otra cosa que una serie de acontecimientos que afectan mayormente a la naturaleza, la séptima trompeta corresponde al reino proclamado (Ap.11:15-19). Dios establece Su reino venciendo a todos los reinos terrenales por lo que está garantizada la victoria de los planes de Dios.

Es importante tener claro que Apocalipsis revela que la guerra espiritual continuará hasta que los reinos del mundo vengan a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y Él reinará por los siglos de los siglos (Ap.11:15).

Entonces, la victoria final que describe Pablo en 1Corintios 15:50-58 es una poderosa revelación de lo que sucederá con aquellos que estemos vivos cuando Él vuelva por Su Pueblo. Nuestro cuerpo natural o carne será transformado en un nuevo cuerpo, glorioso y hermoso, ideado por Dios mismos para nosotros sus hijos.  Aquellos que estén muertos para cuando este acontecimiento tenga lugar, resucitarán incorruptibles. Nuestra esperanza es cierta, lo que Dios preparó antes de la fundación del mundo incluye, nuestro traslado a la Patria Celestial, no con un cuerpo limitado, envejecido y afectado por las enfermedades, sino, por uno glorioso como el de Él.

Conclusión.

¿Estamos viviendo, entendiendo que la victoria final es del Señor?

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