NECESITAMOS LA UNIDAD PARA CRECE

 

Por: José Calame, Pastor

 Efesios 4:1-16

Introducción

Es trascendental entender que somos parte del cuerpo de Cristo.

La Vida en Cristo. Cuando Cristo entra en una vida, la llena con Su vida; esta realidad, es el terreno donde echamos raíces, florecemos y luego damos fruto. Esa es la razón por la cual, la fuerza del cristianismo no se debe al cumplimiento de leyes externas, sino al poder de la vida del Resucitado en nosotros y a través de nosotros. Entonces, una vida piadosa es el reflejo de lo que Dios ha hecho en aquellos que han abierto sus corazones a Jesús por medio de la fe; por tanto, la vida de piedad se refleja por medio de nuestra conducta, motivaciones y ejemplo. En otras palabras, todos predicamos de Jesús, por medio de nuestra conducta, lo cual convierte el testimonio personal, en la forma más efectiva de compartir el evangelio. Como ya dijimos, esta es una de las epístolas de la prisión, pero aún Pablo afirma que realmente su captor no es el Imperio romano, sino Jesús; estaba dispuesto a dar su vida en beneficio de la extensión del reino (Fil.1:21-22).

Pablo exhorta a los creyentes de Éfeso y a nosotros, a caminar como es digno de nuestra vocación. Se refiere a la elección que hicimos cuando decidimos seguir a Jesucristo. Es nuestro llamado, el cual, hemos recibido de parte de Dios para vivir de manera consagrada a Él y a sus propósitos. Ciertamente, Dios nos llamó, pero nosotros tomamos la decisión de seguirle. La expresión “digno” significa “de suficiente peso” refiriéndose a lo que Cristo ha derramado sobre nosotros. ¿Cómo se camina dignamente en Jesucristo? con toda humildad y mansedumbre, soportándonos mutuamente y así ejercer el ministerio de los unos por los otros en amor. No existe otra manera de ser un hijo/a de Dios que experimentemos victoria, a no ser a la manera de Dios. Por lo tanto, la unidad es una responsabilidad de todo creyente y debe ser buscada seria e intencionalmente. Es más que un estribillo de alguna consigna política partidista, es el diseño divino para poder avanzar en los propósitos del Eterno, ellos mismos nos dieron el ejemplo  (Jn.10:30, 17:11,17:21). Muchas de las derrotas que experimentamos con hijos/as de Dios, en mi opinión, se deben a que no discernimos que somos un cuerpo. Los doce experimentaron, exactamente lo mismo. Hubo momentos en que disputaban por “tonterías,” que dejaban en evidencia la carnalidad del corazón; finalmente, uno de ellos decidió no ser parte de los escogidos: los traiciona y terminó suicidándose. La muerte es el resultado de negarse a ser parte con otros. Los subsiguientes versos hacen una afirmación contundente de la unidad espiritual en el cuerpo de Cristo: un cuerpo, un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios y Padre de todos (Ef.4:4-6).

Equipando a los Santos. Teniendo claridad del propósito de la iglesia, Jesús como Señor de ella, constituye hombres y mujeres con dones u oficios ministeriales, con el fin de nutrir y equipar, no para control jerárquico o competencia eclesiástica, sino con el fin de cumplir con el mandato de hacer discípulos por toda la tierra (Ef.4:11; Mt.28:18-20). ¿Qué implicaba Pablo cuando hablaba de perfeccionar a los santos? La palabra sugiere: recuperación de la integridad, como cuando una rama quebrada se vuelve a unir y a vendar; el descubrimiento de una función, como cuando un miembro físico está funcionando adecuadamente. Por lo tanto, la obra del ministerio es la tarea de cada miembro del cuerpo de Cristo y no sólo de un grupo selecto de líderes. En su conjunto, Efesios 4:11-12, revelan que la tarea de los más dotados (por decirlo de alguna manera) es ayudar a cultivar los ministerios individuales y colectivos de aquellos a quienes dirigen, de tal forma que toda la iglesia sea beneficiada y todos podamos ser parte del llamado de Jesús en predicar y discipular a otros, como la prioridad y la razón de ser de la iglesia de Jesucristo.

Conclusión.

¿Procuraremos la unidad del cuerpo de Cristo?

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