LA UTILIZACIÓN RESPONSABLE DE HABILIDADES, CAPACIDADES Y DESTREZAS

 

José Calame, Pastor

Éxodo 4.1-17.

Introducción

Es importante hoy conocer mis capacidades.

Excusas E Incredulidad. Al hablar de mayordomía, nos obligamos a hacer un balance e introspección para darnos cuenta de la bondad de Dios.  Él ha sido muy bueno, por lo cual debemos sobrepasar el pensamiento de las cosas que tengo o no, para medir las riquezas que poseemos. Esto nos aleja de compararnos con otros y concentrarnos objetivamente en que Dios nos ha suplido todo lo que nos falta (Fil.4:19). Este asunto es de vital importancia, porque cuando hablamos de “bendiciones” en algunos sectores se ha circunscrito a lo material, a lo que Jesús responde: “ninguno puede servir a dos señores” refiriéndose a las riquezas (Mt.6:24). ¿Cómo medimos, si es que se puede hacer, las bendiciones que recibimos del Señor?

Muchas son las veces que pasamos por alto, las cosas que tenemos que son parte de nosotros mismos (carácter, personalidad, capacidades, talentos, etc.), sin entender que son parte de la bendición de Dios. La historia del llamado de Moisés, es un ejemplo de lo que decimos. Fue llamado para una tarea que sobrepasaba en mucho sus capacidades. Tengamos claro que este hombre, tenía una preparación envidiable y como parte de los planes de Dios, había tenido las mejores oportunidades al estar en la casa del Faraón y ser levantado como nieto del mismo (Ex.2:1-10).

Conocemos la historia y al momento preciso, tuvo que escoger entre los beneficios de su posición socio económica y el llamado de Dios. Estuvo en el desierto por 40 años, desintoxicándose de toda la estructura mental y cultural de Egipto; ya que lo que venía por delante, iba a requerir dependencia total de Dios. Luego de la revelación de Dios en medio de la zarza (Su presencia y propósito) no podía creer que pudiera llenar los requisitos de la tarea. Su sentir es correcto, ya que no existe capacidad humana para llenar el propósito de Dios, ya que no se trata de nosotros, sino de Él (2Co.4:7). Reconocemos y debemos hacerlo, nuestros talentos, capacidades y dones, pero nada de esto por sí mismo, nos califica para ser instrumentos idóneos en las manos del Señor. Por lo tanto, ¿Dios le pregunta a Moisés, que tienes en la mano? (Ex.4:2). La respuesta sincera la pasamos por alto, pero es lo único que podía ofrece Moisés, una vara. El foco no era la vara, sino la vida.

Temor Innecesario. El diálogo que se suscita entre Dios y Moisés es muy interesante, ya que mientras el Todopoderoso le mostraba una y otra vez, algo de Su poder, Moisés estaba cerrado o trancado en su punto. ¡No puedo! (vara en serpiente, mano leprosa y la posibilidad de cambiar agua en sangre).

No puedo, es una expresión común entre los hombres, no puedo aprender, no puedo hablar, no puedo enseñar, no puedo salir adelante, no puedo cambiar, no puedo perdonar, entre muchísimas otros. ¡Qué interesante que Dios compara Su poder contra las insuficiencias de Moisés!; he estado descubriendo que detrás de mis excusas, siempre hay un temor que debe ser tratado por Dios. Hay un no puedo que Dios desea transformar en un…sí puedes. Moisés fijó su mirada en la mayor de sus deficiencias, el hablar fluidamente. Dios le decía: yo sé que tienes esa “deficiencia”, no importa, aun así, te envío. Ante la insistencia de Moisés, Dios le consigue un compañero que fuera con él, pero la orden original se mantuvo. Dios mismo, nos ha dotado y ha colocado una serie de elementos en nuestras manos para ser utilizados para Sus propósitos, debemos ponerlo todo en Sus manos, Él sabe mejor. Ha colocado gente a nuestro alrededor para hacer ese acompañamiento, porque solos no podemos. Dios requiere de nosotros, nuestra obediencia y no el despliegue de nuestras capacidades o falencias.

Conclusión.

¿Nos colocaremos en sus manos?

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