LA SANTIDAD EN EL NUEVO TESTAMENTO

 

José Calame – Pastor

 1Pedro 1:13-21.

Introducción

Es vital que hoy vivamos en santidad.

El Ejemplo de Jesús. Jesús es nuestro ejemplo en todo, nadie como Él. Concebido en santidad, y ningún hombre vivió como Él (Lc.1:35).

Siendo Dios hombre, nos enseñó que lo que contamina al hombre, no es lo que entre en él, sino lo que sale de él, porque sale del corazón (Mt.15:11-20). En los tiempos bíblicos, la santidad se había convertido en un formalismo externo de simple lavado de manos o de vasijas; de prácticas de no tocar o no comer. El hecho que anduviera con publicanos y pecadores no era religiosamente admisible, porque se contaminaría. Lo mismo se pensaba en relación con algunas enfermedades como la lepra, que, según la Ley, sólo el Sumo Sacerdote podía estar en contactos al inicio de la aparición de la enfermedad con fines diagnósticos y al final para efectos de declarar la sanidad. Es importante recordar que Jesús mismo fue tentado en todo, pero no pecó, Él es el modelo de pureza a seguir (He.4:15).

Jesús fue mucho más allá y nos enseñó que la oración es una expresión de santa adoración, cuando vamos al Padre en oración, debemos reconocer Su santidad: por lo tanto, debemos esperar lo mejor de un Dios que es Santo (Mt.6:9).

Luchar por la Fe: Aunque los profetas del Antiguo Testamento tuvieron una visión incompleta de los acontecimientos que rodearon la primera venida de Jesucristo, anticiparon, gracias al Espíritu, esta salvación que los cristianos ahora tenemos y también en el futuro experimentaremos pues, la seguridad de la salvación es básica para la vida en santidad. ¿Por qué? Veamos lo que se dice en 1 Pedro 1:3-9. Dios nos hizo renacer (nuevo nacimiento) porque Jesús vive, nuestra esperanza también es viva. En el Nuevo Testamento, la salvación es pasado, presente, futuro; por medio del sacrificio vicario, nos ha lavado de nuestros pecados y culpas del pasado, si confesamos los pecados presentes, seremos perdonados y hay provisión en Jesucristo, para los futuros (1Jn.1). Ante semejante provisión de gracia, debo pararme firme (me ciño los lomos), ser sobrio y esperar por completo en la gracia que se nos traerá cuando Jesucristo sea manifestado en Su segunda venida (1P.1:13). Debemos comprender que fuimos escogidos en Dios y separados por el Espíritu Santo a fin de vivir obedeciendo a Jesucristo. Ser santo como ya sabemos, es ser apartado del mundo para servir a Dios. ¡La gente consagrada a la santidad de Dios dice NO a las exigencias de la carne y vive según la voluntad divina, por lo cual está siempre alerta, manteniendo su mente clara y preparada para caminar con Dios!

Debemos entender que aquellos que vencen al mundo, son aquellos que creen que Jesús es el Hijo de Dios, porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe (1Jn.5:4-5).

Obedecer es Vital para la Santidad: Dios llama a Su pueblo a la obediencia de la Palabra, porque al igual que Jesús, nosotros debemos ser obedientes. Siendo que somos sus seguidores, esta debe ser una característica en la vida de los santos. En la práctica significa que cumplimos con la voluntad de Dios y rechazamos los deseos de la carne, que antes nos dominaban, lo cual convierte muchas veces nuestras mentes en verdaderos campos de batalla y vivimos en constante lucha para hacer lo que a Dios agrada.

Es en este momento, que la fe cobra un matiz de contemplativa a un arma activa y poderosa contra el mundo; sabemos que el mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios, permanece para siempre (1Jn.2:17). Por lo tanto, perfeccionamos la santidad en el temor a Dios, sabiendo que morará entre nosotros, nos recibirá y será nuestro Padre Eterno.

Conclusión.

¿Viviremos en santidad para agradar a Dios

Domingo 23 de septiembre 2018

 

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