LA SANGRE, RECONCILIACIÓN Y VIDA VICTORIOSA

José Calme, Pastor

Romanos 5:1-11

Introducción

Dios nos ha hecho victoriosos por medio de Jesucristo.

Viviendo Bajo la Cobertura de la Sangre Divina. La única razón por la que tenemos paz con  Dios, se llama Jesucristo. Por ende, toda la vida cristiana es el fruto de la gracia de Dios, en la cual estamos firmes. En otras palabras, en Su favor y provisión que no merecemos, se trata de Él, de sus méritos y no los nuestros. Por eso no es hora de moverse de la posición que tenemos en Jesucristo, ya que hemos sido aceptos por Dios en Él (Ef.1:6-7). Cuando Cristo venga nuevamente, se revelará esa gloria en toda su plenitud y los creyentes se regocijarán por la perspectiva de contemplarlo tal cual es y compartir Su gloria. A esta gracia se entra por fe y se continua el resto del camino de la misma manera, esa es la razón por la que podemos gloriarnos en las tribulaciones o dificultades. Aún en medio de ellas, tenemos esperanza, de hecho, la misma crece en medio de dificultades porque sabemos que recibiremos lo que Dios ha prometido, (Ro.8:28).

La esperanza de grandes bendiciones futuras no será vana, porque el Espíritu Santo da testimonio en nuestros corazones del amor de Dios. Amor ágape, denota una increíble benevolencia y una irreductible buena voluntad, que siempre busca el bien de la otra persona, no importa lo que ésta haga. Es el amor sacrificial que da libremente sin pedir nada a cambio y no se para a  considerar el valor de su objeto. Este es  el amor incondicional de Dios por el mundo (Jn.3:16, Ro.5:8). Se ofrece conscientemente, mientras el amor philos, depende de circunstancias.

Entendiendo la Vida Victoriosa. Romanos 3:10, establece que toda persona es injusta y por consiguiente, merece ser juzgada. El amor de Dios va más allá de la satisfacción de la justicia y establece un lazo de comunión en la sangre de Cristo Jesús. La fe en Su sangre no solamente nos libera de la ira de Dios, sino que también es el medio para una vida victoriosa. Hagamos un alto para entender esta verdad: no tuvimos que presentarnos como justos delante de Dios, antes de que enviara a Cristo para ganar nuestra salvación. Por lo cual, toda nuestra vida debe estar escondida o cubierta por Su preciosa sangre. ¡Hay poder en la sangre de Jesucristo! La sangre de Jesús, resuelve el asunto legal de nuestra separación de Dios, reconciliándonos con Él y la fe en Su sangre, infunde vida divina y nos da fuerzas para nuestro triunfar continuo sobre el pecado. Aún en las dificultades y el sufrimiento, aun en la más amarga desilusión, aún cuando maltratados los cristianos debemos saber que Dios obra en medio de esas situaciones, para que se cumplan sus buenos propósitos en sus hijos. Puede que Dios cambie o no la situación directamente, pero aún si se mantiene difícil, Dios garantiza buenos resultados finales, incluyendo una mayor madurez a quienes conforme a Su propósito son llamados (Ro.8:28).  Esto es muy mal entendido por algunos, porque desean vivir fuera de la voluntad de Dios y al mismo tiempo desean experimentar la paz y la fortaleza de Su presencia. No es posible…los versos anteriores vs.26-27, nos ayudan a entender que la realidad de esta ayuda establece cuándo mantenemos una unión responsable con el Espíritu Santo que nos ha sido dado.

Finalmente, no hay declaración bíblica más grande de confesión de fe, según algunos, como la que se encuentra en Apocalipsis 12:11.  Algunos de los que declaran con sus labios la victoria final y definitiva de Cristo se enfrentan a la furia de los más terribles ataques personales de Satanás. No obstante, su fe no vacila, lo cual es el resultado de una vivificante relación con Cristo Jesús. Es en esa relación, donde radica la esencia de la confesión de fe, basada en la Palabra de Dios y en la sangre del Cordero, cuya victoria ha provisto la eterna derrota de Satanás. Debemos declarar firmemente nuestra fe en la obra cumplida de Jesús en la cruz.

Conclusión.

¿Viviremos la victoria de la cruz?

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