LA SANGRE DE CRISTO, TRAE LA PAZ.

 

José Calame, Pastor

Colosenses 1:15-23

Introducción

Dios nos ha dado Su paz por medio de Jesús.

La Preeminencia de Jesús. La palabra griega para imagen, significa una revelación o representación exacta (He.1:3). Jesús es también llamado El Primogénito, título que se refiere a Su prominente posición y no al momento en que ocurre Su nacimiento físico.

Siendo así, es Señor de la creación y lo creado. Se entiende entonces, como toda formación nueva, constituir, fundar, establecer algo nuevo. Se emplea la palabra para denotar ambas cosas: el acto de crear y el producto del acto creativo. La salvación le da a una persona el estado y la condición de un ser, creación o criatura nuevos. Esto nos lleva a preguntarnos ¿qué es ser cristiano? La muerte y resurrección de Jesucristo y nuestra identificación con Él por medio de la fe, hace posible que cada uno de nosotros se convierta en una nueva criatura. Nuestra relación con Cristo, tiene poder para modificar todos los aspectos de nuestra vida (2Co.5:17).  Entonces Jesús, fue el mediador, agente y la meta de todas las cosas creadas (Jn.1:3); esta realidad establece Su autoridad sobre todo poder maligno, quienes también eran sujetos de la creación y cayeron de su estado original. Ante esta revelación, Pablo afirma: “Y Él es antes de todas las cosas y todas las cosas en Él subsisten” (Col.1:17). ¡Esto nos incluye! Cuando escuchamos a Jesús decirnos que separados de Él, nada podemos hacer, no es retórica, el sustenta toda la creación con Su poder; literalmente, nuestras vidas dependen de Su gracia y poder. Siendo que en Él habita toda plenitud (Col.1:19), porque al Padre así le agradó y por medio de Él reconciliar consigo todas las cosas, las que están en los cielos como en la tierra, por medio de la sangre de Su cruz (Col.1:20). No podemos otra cosa sino admitir la majestad de Jesucristo y postrar el corazón ante Él, en sumisión.

La humanidad quedó separada de Dios debido al pecado y no tenía una ofrenda aceptable que satisficiere las demandas de la naturaleza santa de Dios. Dios mismo, envió a Cristo para proveer un sacrificio aceptable por el pecado y estableció así un lazo de unión con todos aquellos que recibieron a Aquel que proveyó los medios para que todas las criaturas pudieran reconciliarse con Él. En Levitico17:11, texto ya conocido declara que no puede haber perdón de pecados sin derramamiento de sangre. Porque el pecado quita la vida, se requiere que la vida pague las deudas del pecado. Jesucristo ofreció vida divina por medio de Su sangre, para satisfacer todas las deudas del pecado de los seres humanos y así restaurar la paz del pacto entre Dios y los hombres.

Dios es Dios de Vida. En Romanos 6:23, recordemos lo que Pablo dice: “la paga del pecado es muerte, pero el regalo de Dios es vida en Cristo” . Luego entonces, podemos afirmar sin duda alguna, que Dios es un Dios de vida. Esa es la razón por la que el apóstol Juan afirma que en Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres (Jn.1:4).

El pecado, no sólo trae ruina, sino también y mucho peor, la muerte física, emocional y espiritual. Entonces esto se trata de un asunto universal, alejando todo lo creado de Dios, esa es la razón por qué la naturaleza está expectante de la salvación de los hijos de Dios (Ro.8:20-23). Todo el universo creado ha sufrido las consecuencias del pecado humano y ha estado sujeto a contaminación, futilidad y corrupción; sin embargo, ese proceso de deterioro es sólo temporal, porque Dios ha provisto esperanza y liberación por medio de la persona de Jesucristo. El Espíritu Santo, nos ha sido dado como anticipo de lo que será nuestra vida cuando se consuma totalmente nuestra adopción. Todavía gemimos, aunque nuestras almas son salvas, nuestros cuerpos están sujetos al dolor y al pecado. Pero miramos hacia adelante con esperanza, nuestros cuerpos, serán liberados de su fragilidad y del pecado que en ellos se esconde (1Co.15:50-54).

Conclusión.

¿Viviremos en paz con Dios?

 

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