La iglesia tibia

Introducción

Estamos conscientes de nuestra real condición hoy

La realidad de la iglesia en Laodicea. Esta iglesia era una iglesia arrogante y autosuficiente en una opulenta ciudad. De allí las expresiones de Jesucristo: tú dices…”yo soy rico y de ninguna cosa tengo necesidad”. El Señor se refiere de ella en términos de que ni eres frío, ni caliente. En otras palabras, se trataba de una iglesia ambigua, sin compromiso con los valores del reino. Contrastemos esto con el vs.14: “el Amén, el testigo fiel y verdadero, el primogénito de la creación de Dios”. Está hablando de un Dios único, confiable y real.

Otra vez, Jesús afirma que conoce las obras de esta iglesia y son ellas las que afirman y hablan de su ambigüedad de carácter. Jesús mismo afirmó que por los frutos conoceremos la veracidad o no, de aquellos que enseñan o predican la palabra, Mt.7.16-17. Al igual que entonces, hoy día nuestras obras hablan de nosotros. En este caso la iglesia no definía su norte en medio de la sociedad ya que las aguas frías refrescan y las minerales son medicinales, pero las tibias, producen en el Maestro vómito, Apc.3.16. Tal vez esta sea la iglesia que recibió la mayor de las críticas por parte de Jesús: desventurada, miserable, pobre, ciega y desnuda. ¡Estaba engañada! Una cosa era como se veía a sí misma y otra muy diferente lo que Jesús veía.

Jesucristo era capaz de ver la necesidad y el corazón de grandes multitudes, Mt.4.23, pero también el de individuos Jn.1.47. Así ocurre hoy día, el Cristo glorificado, hoy ve y sabe lo que realmente hay en nosotros, Apc.1.14b.

La exhortación. Como ama a los suyos, anima a la iglesia que compre de Él, lo verdadero, lo eterno. ¿Cómo comprar de Dios? Es un escenario que nos lleva al Antiguo Testamento, donde Dios trata con su pueblo y por medio del profeta Isaías, invita al pueblo para disfrutar de vida abundante Is.55.1-11. Así como ocurrió en aquellos tiempos de Isaías, hoy Dios nos llama como discípulos de Jesús a apartarnos completamente del sistema de valores del mundo y dedicarnos completamente a Él. Tres “objetos” debía comprar la iglesia de Laodicea de Dios: oro refinado para ser rico, vestiduras blancas para no estar desnudos y colirio para los ojos para ver correctamente. Laodicea, era conocida como un centro bancario, por la producción de fina lana negra usada en vestidos y alfombras y por producir colirio para la cura de los trastornos de la vista. La iglesia necesitaba desesperadamente la gracia que regenera, las vestimentas de la justicia de Cristo y el Espíritu que ilumina los ojos del corazón.

Como reprende y castiga al que ama, Jesús revela una de las figuras más hermosas de la relación entre el hombre y Dios. No olvidemos que si bien es cierto lo utilizamos para evangelizar y no hay nada de malo en ello, el mensaje original se dirige a esta iglesia. Por lo que Jesús está a la puerta y llama, se alguno oye Su voz y abre, Él entrará y cenará con Él y compartirán, Apc.3.20. Las personas deben abrir la puerta y disfrutar del compañerismo íntimo del Señor. El Maestro espera que se abra la puerta, mostrando la paradoja de la gracia y la responsabilidad personal que tiene aquella persona que es animada a abrir.

Para aquellos que venzan, que escuchando el mensaje decidan obedecer a la corrección de Jesús, le será dado el privilegio de sentarse con Él en su trono.

Una escuela de interpretación de este libro, sostiene que tanto la iglesia de Filadelfia como la de Laodicea, son representativas de la iglesia del periodo antes que Cristo venga nuevamente por la iglesia. Sea este planteamiento correcto o no, Cristo viene pronto y debemos estar preparados.

Conclusión

¿Estamos anhelando Su venida?

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