La grandeza del sacrificio de Jesús

La grandeza del sacrificio de Jesús

He.9.23-28

Introducción

Entender el sacrificio de Jesús es vital hoy

El plan de Dios. Es extraordinario ver que Dios ha trazado un plan desde el principio con el fin de mantener su relación con el hombre y la mujer que creo. Recordemos que nuestros primeros padres, estaban en un lugar de privilegio y tenían una relación también privilegiada con Dios; pero su desobediencia hecha al traste, no los planes de Dios, sino la vida que Él les había ofrecido, Gn.3.20-24. Debemos entender que lo que conocemos como la caída del ser humano, no tomó por sorpresa al Creador, ya que desde el puro principio, decretó cual sería el final de esta historia que es la nuestra Gn.3.15.

La simiente de la mujer que pisaría a la serpiente en la cabeza, por supuesto que es Jesucristo. Le daría el golpe mortal, no desde su condición de Dios todopoderoso, sino bajo su condición de hombre limitado, débil y con carencias (como nosotros), pero dependiente cien por ciento de Su Padre Eterno.

Dios de Pactos. Sin entrar en los detalles de esta realidad, ya que en el Antiguo Testamento, Dios realiza una sería de alianzas con hombres y naciones que denominamos pactos. Deseo enfatizar, el pacto realizado con Israel y en el nuevo pacto que fue realizado por medio del sacrificio de Jesucristo en la cruz. En Ex.24.1-8, se evidencia la manera práctica en que se ratificó este primer pacto. En el mismo, medió sangre de animales ofrecidos en holocaustos y sacrificios de paz; es aquí donde el escritor de los Hebreos interviene afirmando que todas aquellas ceremonias de ofrendas, sacrificios, presentación de comidas y bebidas, de diversas abluciones y ordenanzas serían ejecutadas, hasta el tiempo de reformar las cosas. ¿A qué tiempo se refiere? “…al tiempo presente…”He.9.9a. El presente significa que Dios se hizo hombre en la persona de Jesús, el cordero de Dios que quita el pecado del mundo Jn.1.29. Dios prometió que haría nuevas todas las cosas, haciendo un nuevo pacto Jer.31.31-33, con la casa de Israel. En la revelación de Jesucristo, empezamos a ver, que este nuevo pacto, se extiende también a todos aquellos que creemos en Él, judíos y gentiles, de tal manera que confirma lo dicho a Abraham, que en él, bendeciría a todas las familias de la tierra, Gn.12.3c. Los pactos con Dios, fueron confirmados por medio de sangre, el nuevo pacto no sería la excepción; Jesús dijo en el marco de la última cena: “…Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros es derramada” Lc.22.20.

Jesús, el bendito salvador. Rápidamente entendemos que todo lo concerniente al tabernáculo (lugar Santo, lugar Santísimo y sus respectivos contenidos), las ofrendas, holocaustos y detalles, sólo son figuras de lo verdadero, del verdadero templo celestial, que requería mejores sacrificios que la sangre de animales. Es importante para nosotros entender lo que el escritor dice en He.9.22; remisión significa: liberación de la esclavitud o de la prisión, despedida, enviar lejos y perdón, con la cualidad adicional de cancelar todo juicio, castigo, obligación o deuda. Es así, que Jesucristo se presentó delante de Dios con Su propia sangre y no con sangre ajena He.9.24-25. El antiguo tabernáculo necesitaba ser santificado por sangre; nada se consideraba purificado sin la marca de la sangre derramada; entonces fuera del derramamiento de la sangre de Cristo no hay perdón de pecados. Al no tener que sufrir y sacrificarse muchas veces desde el principio del mundo, es la evidencia que el sacrificio vicario de Jesús fue aceptado en los cielos. Entonces Jesús, vino a la tierra a completar el plan redentor y posteriormente “entró” al cielo, abriendo el camino de acceso a Dios He.9.24 y un día regresará a buscar a aquellos que creyendo y confiando en Su sacrificio lo esperan.

Conclusión. ¿Podemos creer y aceptar el sacrificio de Jesús por nosotros?

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