ESTRANGULADORES Y CONTENDIENTES

Cuando todo lo que nos interesa es nuestro éxito personal, bien podremos sucumbir ante la tentación de pensar que la mejor manera de lograrlo es asegurarnos que los que nos rodean, fracasen.  Si bien resulta claro que esto nos lleva a afirmar la mediocridad como meta, en la práctica es precisamente lo que muchos hacen en el ámbito de los negocios, la política y aún la religión.  Pero son muchos los que, habiendo alcanzado la “cima” se dan cuenta que en el proceso de lograrlo se han ido quedando no solamente solos sino también vacíos.  Procuremos más bien, la vida abundante, dando de gracia lo que de gracia hemos recibido.  Adelante y que el Señor les continúe bendiciendo.
 
«El Capellán»
 
  • Hace años hubo un grupo de jóvenes brillantes en la Universidad de Wisconsin que parecía tener un sorprendente y creativo talento literario.  Se trataba de futuros poetas, novelistas y ensayistas.  Tenían extraordinaria habilidad para usar de la  mejor manera el idioma inglés.  Estos jóvenes prometedores se reunían regularmente para leer y criticar los trabajos el uno del otro.  ¡Y de verdad que se criticaban!
Estos hombres eran inmisericordes el uno con el otro.  Analizaban minuciosamente la expresión literaria más pequeña en pedacitos.  No tenían corazón, eran duros y aún malvados en su crítica.  Las sesiones se convirtieron en tales arenas de crítica literaria que los miembros de este exclusivo club se denominaron a sí mismos los “Estranguladores”.
 
Para no quedarse atrás, las damas con talento literario en la universidad decidieron comenzar un club por su cuenta, uno comparable al de los Estranguladores.  Se llamaron a sí mismas las “Contendientes”.  Ellas también leían las obras las unas de las otras.  Pero había una gran diferencia.  La crítica era mucho más suave, más positiva, más animadora.  A veces no había siquiera crítica en absoluto.  Cada esfuerzo, aún el más débil, era animado.
 
Veinte años más tarde, un ex alumno de la universidad estaba realizando un estudio exhaustivo de las carreras de sus compañeros cuando observó una vasta diferencia en los logros literarios de los Estranguladores en comparación con las Contendientes.  Entre todos los jóvenes brillantes en los Estranguladores, ninguno había tenido un logro literario significativo de tipo alguno.  De las Contendientes habían surgido seis o más exitosas escritoras, algunas de renombre nacional como Marjorie Kinnan Rawlings, quien escribió “The Yearling”.
 
¿Talento de ambos?  Probablemente el mismo.  ¿Nivel de educación?  No había mucha diferencia.  Pero los Estranguladores estrangulaban mientras que las Contendientes estaban decididas a darse unas a otras un empujón.  Los Estranguladores promovían una atmósfera de pelea y auto duda mientras que las Contendientes resaltaban lo mejor, no lo peor.
 

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