El Ministerio de Todos los Santos

José Calame, Pastor

1 Pedro 2:9-10.
Introducción
El llamado para servir a Dios es importante escucharlo hoy.

Realidad espiritual. El nuevo nacimiento trae pureza interior, la cual se manifiesta en amor hacia los hermanos y hermanas en la fe (1 P.1:22-23). Por lo tanto, el genuino amor por los hermanos y el ferviente deseo de la leche espiritual (el evangelio) van juntos y dan como fruto el crecimiento espiritual.

Acercándonos a Cristo, los creyentes nos convertimos en la casa espiritual de Dios, el templo. Donde, como sacerdocio santo, ofrecen sacrificios espirituales. Pedro compara lo que Cristo significa para los creyentes con lo que significa para los desobedientes, que no lo reciben como algo precioso. Aunque la nación judía lo rechazó, Cristo se ha convertido en la cabeza del ángulo en la nueva casa de Dios (1P. 2:7-8). En las Escrituras, se identifican al menos tres aplicaciones para la expresión templo de Dios. En 1 Corintios 3:16-17, se refiere a la iglesia local; en 1 Corintios 6:19, se refiere al cuerpo del creyente y en Efesios 2:20-21, se trata de la iglesia universal.

La iglesia es el nuevo “Israel” que ahora incluye a los creyentes gentiles, que en otro tiempo no eran pueblo, ni habían alcanzado misericordia. Note con mucha claridad, que Pedro le escribe a la iglesia, el cuerpo de hombres y mujeres lavados por la sangre del Cordero. No está diciendo que los sacerdotes sólo son aquellos que institucionalmente han sido designados o investidos para esa tarea. Habla con claridad para todos aquellos que son parte de la iglesia del Señor. Todo hombre o mujer que viene a Cristo, tiene que entender que ha sido llamado al ministerio (servicio). Esta es la razón que encontramos frecuentemente en las cartas de Pablo, las expresiones “unos a los otros” relacionado a la oración, apoyo mutuo, afirmación, compañerismo, confrontación, ánimo, exhortación, etc.

Caminar con Dios. Dios quiere un pueblo que camine con Él en oración, marche con Él en la alabanza, le dé gracias y le adore. Notemos la progresión en la descripción que Pedro hace del pueblo nuevo pacto. Linaje escogido: un pueblo que empezó con la selección que hizo Jesús de los Doce, quienes llegaron a ser 120 y a los que fueron añadidos miles el día de Pentecostés. Somos parte de esa generación que crece constantemente. Real sacerdocio: bajo el antiguo pacto, el sacerdocio y la realeza estaban separados; nosotros ahora somos, en la persona de Jesucristo, “reyes y sacerdotes para Dios” (Ap. 1:6), una multitud que adora y un sacerdocio real, gente preparada para caminar con Él a plena luz o para pelear junto a Él contra las huestes de las tinieblas. Somos una nación santa: compuesta de judíos y gentiles, de toda nación bajo del cielo. Somos un pueblo adquirido por Dios: Sus escogidos. La intención de Dios, desde el tiempo de Abraham, ha sido escoger a un pueblo para enviarlo con una misión especial; la de proclamar su alabanza y propagar Su bendición a lo largo y ancho de la tierra.

Finalmente, los redimidos que adoran son considerados un sacerdocio “real”. Así como sucedió con Israel, la liberación por medio de la sangre del Cordero es sólo el comienzo. La autoridad verdadera siempre se la relaciona con un andar por sendas de pureza y la perseverancia en la adoración. El cumplimiento de la Gran Comisión, es una expresión de adoración; muchos se conflictan con el asunto aquel de si tienen o no el don de evangelista para compartir con otros la fe en Jesús. La orden de compartir con otros haciendo discípulos, por todas partes del mundo, es la expresión cimera de adoración, ya que los únicos que pueden entender y obedecer el mandato, son los nacidos de nuevo para la alabanza de Su nombre.

Conclusión. ¿Serviremos al Señor?

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