EL CORAZÓN DE DIOS HACIA LA HUMANIDAD

 

 

José Calame – Pastor

Lucas 2:8-20

Introducción
Dios ama al hombre y a la mujer.

Lo Extraordinario: Todo lo relacionado con el nacimiento de Jesús, está envuelto en una matriz profética. Como hemos estado compartiendo, Isaías el profeta mesiánico, nos habló acerca de Su nacimiento virginal, vida, ministerio, muerte y resurrección. Luego de setecientos años, Dios cumplía Su Palabra, aunque muchos y de seguro muchísimos, no esperaban porque no creían que tendría cumplimiento.

Lucas se toma el trabajo de establecer meticulosamente las circunstancias históricas que rodean el nacimiento de Jesús, relacionándolo con los acontecimientos en el Imperio Romano. Augusto César fue emperador desde el año 30 a.C hasta el año 14 d.C. Cirenio era gobernador de Siria entre los años 10-7 a.C y nuevamente, entre los años 6-9 d.C. Dios estaba colocando los elementos para que las “circunstancias” se dieran y así seguir adelante con Sus planes. Dios es el Señor de la historia de la humanidad, incluyendo las nuestras. Esto no es predestinación fatalista, sino la evidencia de la Omnisciencia de nuestro Dios, Todopoderoso.

Debido a la instrucción del censo, cuyo fin era meramente la captación de más impuestos, las cabezas de familias debían movilizarse al lugar donde se encontraban los documentos de sus antepasados, por lo que podemos imaginarnos la gran cantidad de personas que tuvo que movilizarse de un lugar a otro. Eso explica por qué, al llegar a la ciudad de Belén, no había lugar en el Mesón. Así que no habiendo otro sitio y viendo la premura del alumbramiento, lo que estaba disponible era el pesebre, ya que los animales estaban fuera. Recordemos que los pastores estaban cuidando los rebaños, cuando la gloria del Señor los rodeó de resplandor (Lc.2:9).

Llegó El Día.: Creo que todos hemos vivido la ansiedad de esperar algo y la anticipación hace que se suelten mariposas dentro del estómago. Tratando de atribuir a Dios nuestros sentimientos, imaginemos la “ansiedad” de Dios ese día o más bien, esa noche. La noche en que la Encarnación vería la luz.

Como Él es espectacular, se prepara un coro de ángeles. Imaginarme esa escena, siempre me ha cautivado y cada vez trato de añadir otros elementos, porque no era poca cosa lo que estaba ocurriendo, el Dios creador se hizo carne y nació de una mujer, así como tú y yo. Dios viene a nuestro encuentro y además, se deja encontrar (no juega a las escondidas), les dio a los pastores, detalles de la localidad y la ubicación donde lo encontrarían. No en el Mesón sino en un pesebre. Dios desea ser encontrado por todos los hombres, ¿lo estamos buscando?

De repente aparecen una multitud de las huestes celestiales que alababan a Dios. Detengámonos en este punto. Las huestes de ángeles que no han experimentado perdón, ni misericordia, ni gracia, no saben tener necesidad y verlas suplidas, no saben nada de estar enfermos y recibir sanidad, no saben de problemas laborales, ni matrimoniales, ni de criar hijos, no saben nada de esperar en el Señor para recibir respuestas a esas y otras necesidades, no saben nada de la angustia de estar solos y ser abrazados y fortalecidos por un Padre Bueno… ¡alabaron a Dios! Podían ver el GRAN AMOR DE DIOS por todos los hombres. A todo pulmón dijeron: ¡Gloria a Dios en las alturas, ¡Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Expresaron en el sitio más elevado, su mayor y mejor alabanza: el cielo. Desde ese lugar proclamaron el deseo de Dios para el hombre como individuo y como sociedad; no hay manera de estar en paz con el prójimo, a menos que estemos en paz con Dios primero.

Conclusión.
¿Tocaremos a otros con el amor de Dios?

 

Comentario (1)

  1. cfuentes dice

    AMÉN

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