EL CARÁCTER DEL HOMBRE EN EL REINO

José Calame, Pastor 

Colosenses 3:12-17

Introducción
Necesitamos en estos días mostrar el carácter de Cristo.

El Carácter del Hombre y la Mujer en el Reino. La revolución interior que produce la novedad de vida en Jesús (2Co.5:7); nos lleva a buscar las cosas de arriba. La razón es sencilla: “hemos muerto a la manera del mundo, porque nuestra vida está escondida en Cristo” (Col.3:2-3). Debido al poder del Espíritu Santo que mora en nosotros, podemos hacer morir lo terrenal en nosotros (Col.3:5). Notemos que Pablo, no niega la existencia de las pasiones de la carne, sino que le pone un punto final al ordenarnos que lo hagamos morir. Al centrar la atención y afecto en las cosas espirituales, priorizando a Jesús, permitimos o facilitamos la labor del Espíritu Santo en nosotros.

Las relaciones humanas fueron creadas para ser cultivadas y alimentadas por la justicia. En la medida que nos dediquemos a satisfacer los apetitos de nuestra naturaleza carnal, dejaremos de experimentar relaciones plenas y satisfactorias con los demás. En la medida que practiquemos aquellas cosas que Dios manda, nuestras relaciones se convertirán en una representación terrenal de las que se existen en el cielo.

El desafío es vestirnos como escogidos de Dios. ¿Cómo se viste un escogido de Dios? La respuesta es: santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándonos unos a otros y perdonándonos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro, de la manera que Cristo nos perdonó (Col.3:12-13). El apóstol se basa en la capacidad que tenemos como hijos/as de Dios, de perdonar a otros, porque nosotros mismos, hemos experimentado el perdón de Dios. No hay manera de portar esos vestidos espirituales a menos que nos rindamos a la acción del Espíritu Santo, dejándonos quebrantar y moldear por Él. Esto nos lleva a entender que la deuda que Jesucristo pagó por mí, no fue poca cosa, por lo que debo rendirme como lo hizo la mujer pecadora en la casa de Simón (Lc.7:37-38).
En griego la expresión “perdonándoos” significa hacer un favor, mostrar bondad incondicionalmente, dar con liberalidad, conceder el perdón, perdonar generosamente. La palabra procede de la misma raíz de “gracia”. Por lo tanto, podemos dispensar a otros, lo que hemos recibido por parte de Dios en la persona de Jesucristo.

El Mejor de los Vestidos. Sobre todas las cosas, vestíos de amor (Col.3:14). No es la primera vez que nos enfrentamos a esta expresión “sobre todo”. Lo más importante, semejante expresión la leemos en 1Corintios 13, cuando el Apóstol Pablo, nos muestra un camino más excelente: el amor. Escribiendo a la iglesia de Colosas, lo define como el vínculo perfecto; no existe ningún otro vínculo como éste. No es la denominación, ni la música, no es la región geográfica la que debe vincularnos entre nosotros o con otros que andan en el camino de la fe puesta en Jesús, sino el amor.

Otros elementos que son parte del hombre y la mujer del reino, es el vivir en paz. La cual debe “gobernar” en nuestros corazones y debemos ser agradecidos. Un corazón perdonador, experimenta paz; la paz que produce la acción del Espíritu Santo, cuando Jesús es el Señor. El perdón libra de amarguras y dolores, los cuales son reemplazados por paz y agradecimiento. Porque sabemos de donde hemos sido rescatados, nos empeñamos en guardar la unidad del cuerpo de Cristo (Col.3:15). Vestidos a la manera de Dios, la Palabra de Dios abunda; no es difícil poder enseñar a otros el camino y la sabiduría divina que nos ministra mutuamente. En esa atmósfera, las expresiones de alabanza y adoración brotan de manera natural y buscamos que todo lo que hagamos honre al Señor (Col.3:16.17).

Conclusión.
¿Nos vestiremos a la manera de Dios?

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