DIVULGUEMOS LAS NUEVAS NOTICIAS

 

 

Jose Calame,Pastor

 Isaías 40:8-11

Introducción

Existe la urgencia de compartir la palabra de Dios hoy.

El Escenario. El profeta Isaías, es reconocido como el profeta mesiánico más importante del Antiguo Testamento. Vio de forma inspirada con mucha claridad el nacimiento, ministerio, pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo. Eso sin contar los múltiples oráculos relacionados con las naciones vecinas al Israel de entonces, al igual que la deportación que sufriría por su desobediencia a la voz de Dios.

En este contexto, habla del consuelo que Dios traería una vez que terminara el periodo de disciplina y el regreso a la tierra prometida. La bendición no sólo sería para los hombres, mujeres y niños del remanente, sino que se extendería a toda la tierra, la cual se transformaría de desierto a terreno fértil (Is.41:17-20).

Como parte de esa promesa de restauración, asegura que la Palabra de Dios es eterna, (Is.40:8), por lo tanto, hay que anunciarla sin temor, anticipando lo que posteriormente ocurría durante el ministerio de Jesús (Is.40:9-11). Seguramente usted estará de acuerdo conmigo, en medio de este mundo de relativismo que tenemos hoy, se necesita una sólida fundación sobre la cual edificar la vida.

Proclama, es la Orden. “Sión” el pueblo de Dios, tiene esa palabra de esperanza y el privilegio de proclamar las “buenas nuevas” o “buenas noticias”. Son alegres, placenteras y saludables.   Así lo afirma en Isaías 40:1-2, el mensaje es de consuelo y paz. Pero le urge a Dios que se diga a voces, que su tiempo ya es cumplido, que su pecado es perdonado; no creo que existan otras noticias tan poderosamente agradables como éstas. Justo es el mensaje de Reino de los cielos, siendo que se ha acercado a nosotros, nos invita a arrepentirnos con la condición “sine quanom” para ser partícipe del mismo. Es tan preciso Dios, que, por medio de Isaías, cientos de años antes, ve el ministerio de Juan el Bautista (Is.40:3), quien se encargaría justamente de preparar el camino para que el pueblo estuviera dispuesto a encontrarse con el Mesías (Mt.3:1-3).

Siendo así la orden:

  1. “levanta fuertemente la voz” porque las cosas ocurrirán luego que el mensaje haya sido anunciado.
  2. “no temas” porque Dios se manifestará así mismo.
  3. “Su brazo señoreará” el mensaje es de alguien que tiene fortaleza y una recompensa que ofrecer, el cual será confirmado.

Una vez más, el mundo que nos ha tocado vivir es muy complejo, si bien es cierto que la ciencia y la tecnología van en aumento y se han beneficiado millones de seres humanos, no es sinónimo que la calidad de vida física, emocional, ética  o espiritual, se ha visto potenciada en la misma capacidad. De hecho, podemos asegurar que en muchas áreas, ha sido todo lo contrario. Lo que significa que debemos proclamar con nuestras vidas y labios, que el mensaje de Dios es de salvación y perdón.

La Primera Venida. Justo, Isaías, dibuja la primera venida de Jesús como el pastor que cuida de Su rebaño. Al apacentar el rebaño, está comprometido en proveer de buenos pastos garantizando, no sólo la adecuada alimentación del mismo, sino también su supervivencia (Is.40:11). Dios mismo se presenta ante Israel como el buen pastor, así lo conoció el rey David (Sal.23). Estaba seguro que no importaba cual fuera la circunstancia, Su Pastor aderezaría mesa delante de él, en presencia de los angustiadores (Sal.23:5); mostrando así el corazón de Dios por su pueblo y por la humanidad que Él mismo formó. El mundo necesita conocer a ese Dios. Aún nosotros, seguramente tenemos una imagen distorsionada del Señor, la cual ha ido variando a través del tiempo. Al estudiar Su Palabra, Su accionar y paciencia, nos ha revelado una imagen cada vez más clara y hermosa de ese Dios que amó tanto al mundo que dio a Su Hijo.

Conclusión.

¿Nos comprometeremos a proclamar el mensaje de Dios?

Publicar un comentario

You must be logged in to post a comment.