DIOS DESEA LLENAR SU CASA DE INVITADOS

José Calame Pastor

Lucas 14:7-24

Introducción.

La invitación para entrar al Reino sigue vigente hoy.

Escenario. De manera continua Jesús enseñó, a sus seguidores, como a aquellos que ponían en duda su ministerio. En esta ocasión, el entorno era una cena a la que había sido invitado y observó, cómo algunos escogían el mejor lugar donde sentarse, porque evidentemente, les daba estatus ante los demás. A este grupo, les criticó su orgullo social y les enseñó que era mejor tener un corazón humilde; al dueño de la casa, lo instruyó a sacar el verdadero beneficio de las invitaciones a comer, si deseaba tener un impacto en la eternidad. Los cojos y los ciegos estaban excluidos del templo, eran los desposeídos de la sociedad, por lo tanto, no podrían devolver el gesto de misericordia. Desde este punto, se mueve para traer una instrucción del Reino, ya que uno de los que estaban sentados a la mesa, expresó que bienaventurado era aquel que comiera pan en el reino de Dios.

Al referir la parábola del gran banquete, como se conoce este pasaje, seguramente lo que había en su mente era la “resurrección” el futuro y sí, tiene sentido. Pero, en la parábola, Jesús anuncia que éste no es simplemente el futuro, sino el presente. El banquete mesiánico ya se está celebrando, como se ve, al ofertar el evangelio a todos los pobres, los enfermos y los desposeídos. Recordemos que la promesa fue hecha a todas las familias de la tierra, comenzando desde Israel (Gn.12:1). Un anfitrión enviaría una invitación por adelantado y entonces avisaría cuando la comida estuviese lista, era la costumbre. Evidentemente, el huésped de esta parábola ha aceptado la invitación. Israel ha aceptado la invitación de Dios para recibir el reino dado por medio de los profetas, por lo cual, la llegada de Jesús señala la llegada del reino, pero al rechazarlo la nación judía está declinando la oferta de gracia de Dios; sin embargo, el propósito divino no será frustrado, por lo que Dios enviará su amable invitación a los gentiles.

Hay Lugar. Entendamos que al igual que el primer siglo, hoy los desposeídos son muchos más. Aunque en algunas regiones geográficas, las condiciones socio económicas han “mejorado” la gran mayoría del mundo son pobres y desposeídos. Muchos de los cuales ni siquiera saben que lo son. Tienen trabajos y devengan salarios, pero son pobres; son educados, pero pobres, algunos viven en sus casas artesonadas, pero siguen siendo pobres. La situación no ha cambiado mucho, de hecho, parece haber empeorado.

En la parábola, los siervos habiendo seguido la instrucción del dueño de casa, le dicen: “…aún hay lugar”.  Debemos como parte de la iglesia de Jesucristo entender que todavía hay lugar en la casa del Padre, para que muchos puedan entrar y disfrutar de una relación cercana y verdadera con el Dios que Jesús enseñó que era un Padre.

Justo antes de ascender a los cielos, afirmó que todo poder Le había sido dado; por lo tanto, instruía, ordenaba que fuéramos por todo el mundo predicando y enseñado, haciendo de los oyentes discípulos suyos (Mt.28:18-20). Esto es trabajo, entrega, sudor, cansancio y todos aquellos que hemos estado involucrados en la tarea, sabemos lo real de este asunto. No se trata simplemente de llenar templos o que la gente participe en las “actividades” que como iglesia de Jesús hacemos; sino, de acompañar a los nuevos convertidos en el proceso de ser seguidores del Maestro.

La instrucción del Señor de la casa es que, vayan por todos los caminos y fuércenlos a entrar, para que se llene mi casa. Dios desea que Su casa se llene de gente necesitada, que nunca podrán recompensar la invitación que con amor genuino nos hizo por medio de Jesús. Ese es nuestro trabajo, llenar la casa del Padre.

Conclusión.

¿Serviremos a Dios para llenar Su casa?

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