Dios ama a Panamá y a sus Habitantes.

 

Salmo 68.5-6

Por: Pastor José Calame

Introducción

Compartir del amor del Padre, es importante hoy

Dios de promesas cumplidas. Desde el puro principio, la promesa de Dios hecha al hombre, tenía que ver con su salvación y rescate, Gn.3.15.  Luego en Su trato, llama a Abraham y amplía para ser entendido esa promesa hecha a los primeros padres. Esa promesa tenía que ver con  familia, Gn12.3b; la palabra dada por el Señor,  puso en marcha al patriarca con el fin de ir en busca del destino trazado por Dios mismo, no sólo de la tierra de promesa. Recordemos que el que cree, obedece y el que obedece, cree.

Dios mismo habita en familia (Padre, Hijo y Espíritu Santo), en su sabiduría permite que Jesús fuera recibido en el seno de una familia que cuidó de Él en todo el sentido de la palabra, hasta que pudo elegir Su propio destino, Is.7.15 (trazado por Dios).  En la Biblia cuando se habla de familia se refiere no sólo a la descendencia biológica, sino también a toda la casa, linaje o la simiente en términos realmente amplios.

Una necesidad que la familia siempre debe proveer, es vida a sus miembros; ese es el ejemplo de la divinidad. Dios es un Dios de vida, por lo cual todo aquel que se acerca a su trono, recibirá vida abundante, Jn.10.10b. Siguiendo el ejemplo divino, nuestras familias o casas, deben ser  lugares donde la vida de Jesús  fluye como un río. El fundamento de esta afirmación se basa en que toda familia en los cielos y la tierra toman su nombre de parte de Dios Ef.3.14-15.

Ante esta realidad, los más frágiles en un grupo familiar o en la sociedad, debe encontrar cabida para que sus necesidades sean suplidas en el seno de la familia. En el núcleo familiar los niños y los jóvenes, además de los ancianos son parte de este grupo; cada uno con sus características y necesidades propias. Los primeros deben recibir educación, cuidados de salud, seguridad, guía y protección. Aprendiendo con el ejemplo de los mayores que les rodean. Los ancianos por otra parte, son dignos de honra, ante sus canas te levantarás Lv.19.32, en otras palabras, hay un derecho ganado por parte de los ancianos y por otro lado, hay un deber que cumplir por parte nuestra. Amén de sus necesidades básicas de cuidado, salud y alimentación que también deben ser provistos.

La realidad de Panamá. Debido a las múltiples y continuas guerras que tenía que enfrentar el pueblo de Israel para garantizar su supervivencia, los huérfanos y las viudas no eran extraños en medio de la población, de hecho la Ley Mosaica tenía estipuladas normas para su cuidado Dt.10.18. Desde esta perspectiva Dios mismo, se convertía en el Padre de los huérfanos y defensor de viudas, los más frágiles en la sociedad hebrea de entonces. Miremos por un momento y contemplemos nuestra sociedad y tratemos de contar a los frágiles que habitan en nuestros medios (barrios, calles, hospitales, cárceles, etc.) seguramente estará de acuerdo conmigo, hay cientos de decenas de ellos. Dios dice en Su palabra, que El es el Padre y defensor de ellos Sal.68.5.

El pastor de la iglesia en Jerusalén, Santiago escribe: “La religión puro y sin mancha delante de Dios Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones…” Stg.1.27.  Existe un compromiso de parte de la familia de Dios, de agradar el corazón del Padre, que está pendiente de los más necesitados en medio del pueblo y la nación panameña. Una vez más, Dios toma la iniciativa y los hace habitar en familia, con el fin de recibir los cuidados y atenciones que ella provee a los suyos.

Me pregunto, ¿qué de todos aquellos que viven en nuestro país que no conocen de la salvación y de los cuidados que Dios dispensa? Entre ellos seguramente se encuentran familiares y amistades, cercanos o tal vez lejanos y nosotros que conocemos el amor de del verdadero Padre, tenemos que compartir con ellos. Todos ellos, necesitan también el abrazo de Papá.

Conclusión. Compartiremos del amor de Dios a otros?

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