CONOCIENDO EL CORAZÓN DE UN DISCÍPULO DE JESÚS

José Calame  – Pastor

Romanos 10:1-17

Introducción:

Es importante trabajar por nuestra nación.

El Escenario. Aunque Pablo fue llamado para proclamar el evangelio entre los gentiles, es evidente que en su corazón había un deseo y una oración continua por su nación. No tenía un país, pero estaba consciente de la necesidad de salvación de su pueblo (Ro.10:1). Un discípulo de Jesús debe tener el mismo sentir por los suyos. Porque al igual que aquéllos, los nuestros también ignoran la justicia de Dios, estableciendo la suya propia (Ro.10:3).

Una manera sencilla de explicar la expresión “la justicia de Dios” es: estar en paz con el Señor, viene únicamente a través de la fe en Cristo. Ya que, por el contrario, la Ley promulga por medio de esfuerzo propio, el cumplimiento de las reglas para obtener justificación. Luego entonces, Cristo, es la realización perfecta de todo lo que pide la Ley, pero también el fin de la Ley como vía de alcanzar la justicia para todo aquel que cree. De ahí que el apóstol haga énfasis en la suficiencia de la fe para recibir la justicia de Dios, porque al llenar los requerimientos de la Ley, Cristo satisfizo sus reclamos.

La justicia que es por fe no demanda esfuerzo o mérito humano, para alcanzar al Cristo arriba o abajo; más bien, al estar cerca la Palabra de Dios en nuestra boca y corazón, lo confesamos (Ro.10:6-10).

Entendiendo el Significado. En Romanos 10:9, hay dos expresiones de suma importancia “confesar” y “creyeres”. El primero, tiene la connotación de “una responsable declaración pública por la cual se establece una relación legal mediante un contrato. Lo que significa entonces que empezamos por fe, por lo tanto, debemos continuar nuestra vida en Cristo por fe. ¿Si Dios nos ha dado a Jesucristo, no nos dará también todas las cosas? (Ro.8:32). Esto significa que nuestra fe es activa y debe seguir creciendo en la medida que confiamos en Su Palabra. La otra expresión en el vocablo griego significa confiar en, tener fe en, estar plenamente convencido de, reconocer, depender de alguien. Es dependencia y confianza personal que se traduce en obediencia continua. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en Él creyere, no será avergonzado (Is.28:16; Ro.9:33). Siendo así la realidad del poder del evangelio, todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo (Ro.10:13).

La Predicación: Entendiendo ahora el significado de esta realidad espiritual sobre la salvación por fe en Jesucristo, necesitamos como iglesia y como individuos reflexionar sobre las preguntas que hace Pablo en Romanos 10:14-15.  Si aquellos que invocan con fe el nombre de Jesucristo, obtienen salvación, ¿cómo lo harán, sino han creído? ¿cómo creerán en Aquel que no han oído? ¿y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿y cómo predicarán si no fueren enviados? Rápidamente, nos damos cuenta de que estamos frente a un proceso de múltiples fases para poder tocar a otros con el mensaje de salvación.

Hagamos un pequeño alto para enfocarnos en el envío, ya que aquí conectamos con la comisión que Jesús dio a Sus discípulos de todos los tiempos (Mt.28:16-20). El evangelio son buenas noticias para todo el mundo, sin importar tu nacionalidad, grupo étnico o condición socio económica, ¡todos los hombres hemos pecado y necesitamos un Salvador! Sabemos que mientras compartimos con otros el mensaje (testimonio personal y como iglesia local) no todos creerán al anuncio (Is.52:7); es importante aclarar que cuando el texto habla de predicar, no está haciendo referencia a que todos debemos entrar al ministerio eclesiástico formal, sino que se refiere a que cada uno tiene un lugar donde desarrolla su diario vivir (trabajo, escuela, universidad, vecindario, etc.) la oportunidad de compartir el mensaje, ya que la fe viene por oír la Palabra de Dios.

Conclusión.

¿Oraremos y trabajaremos por Panamá?

Publicar un comentario

You must be logged in to post a comment.