CELEBREMOS A NUESTRA ROCA FAMILIAR!  

familia-0Cada vez que consideramos a la familia, nos llenamos de regocijo ante de Dios por la oportunidad de valorar esta institución creada por Él, concediéndole la importancia vital que tiene como ente constitutivo de nuestra sociedad. Es triste contemplar el estado de miles de familias modernas que, lejos del patrón bíblico de unidad, amor y compañerismo, viven una creciente desintegración con sus horribles secuelas de violencia, robo y crimen, miseria y mendicidad, promiscuidad, adulterio y prostitución, alcoholismo y drogadicción, etc. Sin embargo, nuestro Dios nos da una voz de esperanza: nuestras familias no tienen que irse a pique… hay esperanza en Jesús para todas ellas. Sin embargo, si Dios ha de hacer algo en nuestras familias, los cabezas de hogar deberán tomar un paso indispensable a la luz de las Sagradas Escrituras.

 Contrario a lo que muchos, alejados de la revelación bíblica, pretenden, Dios no nos promete una vida sin problemas al acercarnos a Jesucristo y recibirle como nuestro Salvador. De hecho, la parábola con que Jesús cierra el Sermón del Monte, plantea un desafío precisamente basándose en el hecho de que todos, sin excepción habremos de enfrentar circunstancias adversas. Jesús, en sus últimas horas antes de ir a la cruz, advirtió a sus discípulos que tendrían aflicción pero que debían depositar su confianza en su victoria (Juan 16:33). Aunque es evidente que la parábola se refiere principalmente al contenido del Sermón (Mateo 5:1-7:23)—el estilo de vida del reino—una aplicación más amplia se refiere a toda la enseñanza de Jesús. Si bien es cierto que no podemos evitar los embates del enemigo, no lo es menos que sí tenemos la opción—en Cristo—de vencer sus intentos por destruirnos (Juan 10:10a). La clave reside en el tipo de fundamento sobre el cual se halle edificada nuestra “casa”.

 1. Una vida edificada sobre la arena (Mateo 7:26-27). La falta de fundamento sólido, como resulta un material tan suelto como la arena, es garantía que al enfrentar problemas, nuestra vida habrá de venirse abajo. De la misma manera, una familia que cifra sus esperanzas en la capacidad de los padres para manejar todos los problemas, que da por sentado el buen comportamiento de los hijos como elemento básico para la paz en el hogar, que pretende que el tener techo, alimento y otras necesidades cubiertos, es suficiente para garantizarnos la felicidad, descubrirá tarde o temprano que todo aquello tiende a evaporarse ante circunstancias adversas de la vida, dejándonos amargados, desilusionados y sin esperanza. La verdad es que nuestras familias necesitan un mejor fundamento sobre el cual ser edificados desde el momento del matrimonio y durante la crianza de los hijos.

 2.  Una vida edificada sobre la Roca (Mateo 7:24-25). Jesucristo plantea que cuando estamos dispuestos a tomar en serio su Palabra—recibiéndole como nuestro Salvador y Señor y permitiendo al Espíritu Santo transformar nuestras vidas—nuestros fundamentos se estarán fijando en la Roca de las edades, Dios mismo. Al igual que Pablo, podemos desarrollar una perspectiva balanceada de la vida con respecto a los eternos propósitos de Dios (Romanos 14:7-8) y experimentar la auténtica libertad de una vida sujeta a los vaivenes de las circunstancias. Igual podemos alabar y adorar en medio del impacto de las lluvias, ríos y vientos porque sabemos en quién hemos confiado (Habacuc 3:17-18). Dirijamos a nuestras familias en pos del mejor fundamento, el cimiento por excelencia: nuestro Jesucristo.

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