ASUNTO DE PÚAS

 

La fábula de hoy nos lleva a considerar la importancia relativa de las cosas en la vida.  A veces permitimos que nimiedades o cosas de poca monta vayan moldeando y dirigiendo nuestra conducta en la vida.  Pareciera que damos demasiado valor a las pequeñas fallas que los demás despliegan al relacionarse con nosotros sin reconocer el enorme valor de su contribución a nuestro avance por la vida.  Aprendamos de los erizos de la fábula y descubriremos cuán bendecidos somos por la gente que Dios ha colocado a nuestro alrededor.  Que el Señor les bendiga.
 
«El Capellán»
 
Los erizos, dándose cuenta de la situación, decidieron agruparse para mantenerse calientes.  De esta manera ellos se cubrieron y se protegieron entre ellos mismos; pero las púas de cada uno hirieron a sus compañeros más cercanos.
 
Después de un rato, decidieron distanciarse uno del otro y empezaron a morir, solos y congelados.  Así que tuvieron que tomar una decisión: aceptar las púas de sus compañeros o desaparecer de la tierra.
 
Sabiamente, decidieron volver a estar juntos.  Aprendieron a vivir con las pequeñas heridas causadas por la relación cercana con sus compañeros para poder recibir el calor de los demás.  De esta manera fueron capaces de sobrevivir.
 
La mejor relación no es aquella que une personas perfectas, pero cuando cada individuo aprende a vivir con las imperfecciones de los demás y puede admirar las cualidades de las otras personas.

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