NUESTRAS ACCIONES, EXPRESAN NUESTRA FE

 

José Calame – Pastor

Santiago 2:14-26

Introducción

Necesitamos actuar en base a la fe, hoy.

La Necesidad de Fe y Obras. El apóstol Santiago, de manera inspirada pone claro que la fe sin obras es muerta. Notemos que en el verso14 hace unas preguntas que todo hijo/a de Dios debe detenerse y reflexionar: ¿De qué aprovecha si alguno dice que tiene fe y no tiene obras? ¿Podrá esa fe salvarle? Permítame responder de esta manera: nuestras obras ponen en evidencia lo genuino de la fe que profesamos; si las obras que manifestamos no son buenas, esa fe no puede salvar. En otras palabras, nuestras buenas obras, son sin duda el reflejo o producto de nuestra fe. La fe salvadora, aquella que depositamos en la persona de Jesucristo, se sostiene en lo que hizo el Salvador en la cruz del calvario y posterior resurrección.

No se trata solamente de un concepto intelectual de una norma moral o credo, el escritor lleva el concepto a un plano tan claro que podamos entender cuando afirma que los demonios también creen que hay un Dios y tiemblan ante esa verdad, pero no les aprovecha (Stg.2:19). En nuestro caso, nuestra fe, se afinca en el sacrificio de Jesús, esa es la razón que no sólo lo creemos, sino también lo confesamos y vivimos. La efectividad de ese sacrificio y los beneficios que se derivan del mismo, son imputados o aplicados a todos aquellos que creen.

Jesús, utilizando la parábola de los dos constructores, el prudente y el insensato; lo enseñó al final del Sermón del Monte (Mt.7:24-28). Recordemos que habla a un público, dentro del cual, muchos no aceptarían Su ministerio y de antemano, predice que algunos de ellos serían como aquel que, oyendo Sus palabras, decide construir su casa sobre la arena. Cuando vengan y soplen los vientos y las aguas den con fuerza contra la casa (vida, estructuras mentales, experiencia espiritual, etc.) no soportaría y el daño sería incalculable. En cambio, aquel que construyó su casa sobre la roca, pudo ver que soportó la inclemencia del tiempo. Entonces, escuchar la Palabra y actuar sobre sobre ella, se le llama fe.

El Ejemplo de Abraham. Como buen judío, utiliza el ejemplo de Abraham, como padre de la nación y el padre de la fe (Ro.4:16-17). Al salir de su tierra y parentela, no sabía con certeza, hacia donde iba. Solamente escuchó la voz de Dios, e inició la marcha; en el camino, la revelación de ese Dios, quien lo llamó fue creciendo. Afirma el texto bíblico, que creyó y le fue contado por justicia (Ro.4:3). En otras palabras, Dios declaró a Abraham justo en el momento en que éste creyó, pero sólo cuando más tarde obedeció a Dios, fue que demostró lo genuino de su justicia (Gn.15:4-5). Tal vez la prueba final sucede cuando Dios le pide que entregue a Isaac, el hijo de la promesa en sacrificio (Gn.22:1-19). Entonces, la fe se manifiesta en obras y las obras perfeccionan la fe.  Santiago hace referencia a Rahab, cananea que arriesgó su vida al ocultar a los espías enviados por Josué para revisar Jericó (Jos.2:1-24). Notemos el contraste: por un lado, Abraham, el patriarca y líder de la nación; pero por otro, Rahab, una prostituta, quien representa a la persona común y corriente, situada en el otro extremo de la escala social y moral. Ambos fueron justificados sobre la misma base: creyeron y actuaron. De hecho, el escritor de la epístola a los Hebreos, la tiene incluida en la lista de los héroes de la fe (He.11:31).

Finalmente, Pablo, agrega un elemento, trascendente relacionado con la fe en la Palabra, (Ro.10:17): “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios”. La verdadera fe en Dios (espiritual), se manifiesta (práctica) por medio de tocar a un mundo que necesita el amor de Dios.

Conclusión.

¿Actuaremos en fe para tocar a otros?

 

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