LLAMADOS A SOPORTAR LA TENTACIÓN

 

José Calame – Pastor

Santiago 1:12-20.

Introducción

Podemos vivir de manera victoriosa.

Reconociendo la Realidad. Debemos estar claros que todos los seres humanos somos tentados. En el caso de aquellos que no han sido redimidos por Jesús, las Escrituras hablan con claridad y los califica como esclavos del pecado (Ro.6:16; 2P.2:19). Jesús mismo durante Su ministerio en Palestina, dejó claro que el principio de sometimiento y esclavitud están ligados. Somos esclavos de aquello que nos vence (Jn.8:34-36). Es por eso por lo que, si el Hijo nos liberta, seremos realmente libres.

¿Cómo definimos tentación? Todo aquello que nos impulsa, incita, presiona, comprime, demanda a ir en contra de los principios establecidos por Dios. Entonces la fuente de la tentación son muchas: carne (yo), el mundo y Satanás. Antes de iniciar Su ministerio, Jesús mismo fue llevado al desierto para ser tentado por el diablo (Mt.4:1-11). Si se revisa con minuciosidad cada aspecto de esos encuentros, entenderemos que Jesús venció, utilizando la Palabra de Dios como arma de defensa y ofensa.

Por toda la Escritura desde el Antiguo Testamento hasta el Nuevo Testamento, hay historias de hombres, mujeres y naciones que fueron tentados. Unos sucumbieron ante ella, pero otros triunfaron.

El apóstol Santiago, llama bienaventurado a aquel que soporta la tentación y conecta el soportar la tentación, con una prueba. La tentación se convierte en prueba, cuando nos resistimos a ceder a sus demandas, cuando entiendo que la acción o la omisión, ofende la santidad de Dios. Jesús se resistió en convertir las piedras en pan, lanzarse desde el pináculo del templo y postrarse para adorar a Satanás. Cada una de las pruebas tenían una demanda y una oferta.   Jesús sabía que cada demanda, iba en contra de lo que el Señor había dicho en Su Palabra. Las tentaciones de Jesús no negaban Su realidad, tenía hambre, es cierto; pero no era el camino a seguir. Nos habla aún de prestar atención a las motivaciones para hacer lo que hacemos, no buscando caminos cortos, sino cumplir el perfecto plan a la manera y en el tiempo de Dios.

Cuando haya soportado la tentación, al final, cuando haya terminado la presión, hay una corona de vida. La expresión no se refiere únicamente a la vida eterna, sino a la vida aquí y ahora, la cual debemos disfrutar más abundantemente y plena.

La Fuente Interna de la Tentación. Es importante entender que Dios no puede ser tentado por el mal y Él no tienta a nadie. Cada una de su propia concupiscencia (propias pasiones y deseos) es atraído y seducido, lo cual eventualmente da a luz el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte (Stg.1:13-15). De hecho, somos pecadores, no sólo por herencia adámica, sino también por escogencia o elección personal.

No debemos errar, de nuestro Padre celestial, sólo podemos esperar lo bueno y perfecto, (Stg.1:17). Necesitamos redescubrir esta verdad y no culpar a Dios de nuestros errores y desaciertos. Si buscamos en Dios sabiduría, Él la dispensará de manera abundante (Stg.1: 5a).  El más grande de los dones que Dios concede es el nuevo nacimiento por medio de la Palabra de verdad.

Hay suficientes recursos en Dios, para mantenernos libres y sin mancha, llenos de Su Espíritu Santo, de tal manera que, en medio de la tentación podamos soportar y darle gloria, (1Co.10:13). En medio de la tentación, debemos ser tardos para hablar y airarnos y prontos para oír, porque la ira nuestra, no obra la justicia de Dios (Stg.1:19-20). Nuestro propio egoísmo nos lleva a expresarnos de esa manera.

Conclusión.

¿Echaremos mano de los recursos de Dios para soportar la tentación?

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