Las lecciones del camino…el supremo mandamiento

Las lecciones del camino…el supremo mandamiento. Dt.6.1-9

Introducción

Debemos volver a Dios hoy

El escenario. Cuarenta años después de haber salido de tierra egipcia, Israel llega a los límites de la tierra que fluye leche y miel Dt.1.3. El pueblo liderizado por Moisés, recibe de su guiador la renovación de instrucciones que fueron dadas treinta y ocho años atrás. En esta ocasión, los participantes eran una generación nueva, muchos de ellos había nacido y crecido en el desierto, otros, eran muy pequeños para recordar las experiencias del éxodo, en cambio otros, podían recordar con temor todo lo vivido durante los largos cuarenta años de peregrinación. Moisés hace un recuento de las jornadas vividas más relevantes que marcaron a la nación, por ende también a las familias.

Hay un fuerte sentido de urgencia, en todo el libro. El mismo enseña que la relación entre Dios y Su pueblo va más allá de la Ley, por lo que la condición indispensable para mantener nuestra relación con Dios, según el pacto, son la obediencia y la lealtad. Nuestro amor, afecto y devoción por el Señor deben ser el verdadero fundamento de nuestras acciones. La lealtad a Dios, constituye la esencia de la verdadera piedad y santidad. En este mundo posmoderno, que ha alcanzado a la iglesia con algunos de sus principios, no podemos olvidar que la Palabra de Dios, es nuestro norte y norma de vida. Todos deseamos ser bendecidos, prosperados y vivir victoriosamente, pero todo ello depende de nuestra obediencia a la voluntad del Padre. La pregunta que surge entonces, cuáles son o cuáles deberían ser las bases de nuestra obediencia a Dios: amor y temor, dice la Palabra, Dt.6.5, 10.12-13; Sal.19.9; Pv.1.7,8.13,19.23.

Amar a Dios. Los vs.4-9, siempre han sido conocidos en la tradición judía como “el Shema”, que encierra las verdades fundamentales de la religión de Israel. Se les recita como oración cotidiana junto con Dt.11.13-21 y Nm.15.37-41. Esto pues, corresponde al credo del judaísmo. Los judíos decían Adonai (mi Señor) cuando leían “Yahweh” (Jehová, castellanizado), pues consideraban el nombre de Dios demasiado sagrado para ser pronunciado. La palabra Dios se usa en el texto hebreo en su forma plural. De manera que la frase nuestro Dios, “Jehová uno es”, constituye una aproximación a la doctrina cristiana de la Trinidad; tres personas de la misma sustancia en un solo Dios. Esta doctrina queda evidencia en muchos pasajes del NT, Mt.3.16-17.

La obediencia de Israel debía surgir de una relación basada en el amor, estos versos fueron considerados por Jesús como el primero y mayor mandamiento de la Ley, Mc.12.29-30, Lc.10.27, en este último pasaje, Jesús agrega la palabra “mente” probablemente para destacar lo “consciente” de esta actitud. Fue el mismo Señor quien dijo en Jn.14.15, que si lo amamos, obedeceremos sus mandatos. Lo que significa, que existe una conexión entre amor y obediencia. El amor no es un sentimiento, sino una decisión.

Interesantemente, a partir del vs.10 del capítulo 6, hasta el verso 25, Moisés le recuerda al pueblo que las cosas que heredarán una vez lleguen a la tierra prometida, son el producto de la gracia de Dios sobre ellos y no debido a sus esfuerzos. Por lo cual no podían olvidarse del Dios que habita en medio de la nación. La palabra inspirada de Dios, no está escrita en vano, Dios tiene propósito al dárnosla. La secuencia de estos pasajes es una evidencia de la intencionalidad de Dios, al dejar claro para Israel y para nosotros, que el mandamiento supremo está ligado a una actitud y decisión de obediencia de aquellos que desean agradar a Jehová.

A partir del vs.12 en adelante, hay una serie de instrucciones a Israel, justo antes de tomar la tierra prometida, que son tomados del decálogo que hacía treinta ocho años habían recibido de Dios por mano de Moisés.

Conclusión. ¿Estamos amando a Dios?

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