La orden del señor de la historia

La orden del Señor de la historia

Mc.16.14-19

Entender nuestro llamado a ser parte de la obra es vital hoy.

Preparándonos para obedecer. El día de reposo terminaba al caer el crespúsculo del sábado, alrededor de las 6pm; luego del cual se inicia el primer día de la semana. Ya sabemos que los días en la sociedad judía de entonces eran de doce horas.

En ese primer día de semana, las mujeres que son listadas en el primer verso, compraron especies aromáticas con el fin de ungir el cuerpo de Jesús. Recordemos que por causa de acercarse la Pascua, introdujeron a Jesús rápidamente en el sepulcro sin tener los preparativos que ritualmente se hacía. Siendo así, ellas completarían el trabajo que no quedó terminados dos días antes. Mientras iban de camino, pensaban ¿quién les quitaría la piedra que cubría la entrada de la cueva? Al llegar no hay piedra y al entrar en la cueva, ven a un joven que evidentemente se trataba de un ángel que les daba las buenas noticias. Jesús no está…ha resucitado Mc.16.1-6.

Es innegable el papel que tienen las mujeres en la proclamación del mensaje de la cruz. Fue a ellas, a quienes se les encargó de proclamar Su resurrección, lo cual hicieron en medio de su debilidad Mc.1.7-8. Siendo ellas las primeras, María Magdalena, también fue emisora del mismo mensaje, que cuando fue escuchado por los discípulos que estaban tristes y llorando, no lo creyeron. Ese mismo día aparece a otros dos que iban de camino a Emaús según el relato en Lc.24.13 y cuando de vuelta a Jerusalén le avisaron a los otros discípulos, tampoco creyeron Mc.16.12-13.

No fueron descalificados. En el momento más importante del ministerio terreno de Jesús Resucitado, le reprocha a los suyos su incredulidad y la dureza de corazón al no creer el anuncio de aquellos que lo habían visto resucitado Mc.16.14. Estamos hablando de los hombres que caminaron con Jesús durante lo poco más de tres años que duró Su ministerio terrenal. Esto mismo fue captado por Lc.24.36-39 y en Jn.20.24-29, el común denominador era, temor, confusión, inseguridad e incredulidad. Pero a pesar de todo, Jesús los envía a predicar el evangelio Mc.16.15. Dios sabe que están hechos los hombres, Dios sabe de qué estamos hechos ustedes y yo, aún así nos invita a ser parte del ejército que a través de los tiempos debe y puede compartir el evangelio por todo el mundo. Es importante entender que el mundo no se puede salvar a sí mismo, por lo cual todo intento en esa dirección es totalmente fallido e infructuoso. Dios ha decido salvar al mundo por medio de la predicación del evangelio 1Co.1.21, Ro.1.16.

Las señales siguen. Las señales siguen a los que creen, es la afirmación de Jesús Mc.16.17, hay algo de controversia a partir del vs.9-20, porque algunos eruditos de la Biblia, no encuentran esta porción en los manuscritos más antiguos, en cambio otros, haciendo referencia a los escritores cristianos del siglo II, los incluyen. Lo cierto que las señales seguían a la proclamación del evangelio como quien lo acredita; confirmando así el ministerio de los proclamadores del mensaje en cada nueva generación. Echar fuera demonios, hablar nuevas lenguas y sanar a los enfermos por medio de la oración, aparece en otros pasajes del Nuevo Testamento y no han evidencia escritural que desaparecen antes de la venida por segunda vez de nuestro Señor Jesucristo. Debemos estar claros que toda esta manifestación de poder, no proviene ni es a discreción de aquel que ejerce el don, sino que depende totalmente del Señor de la obra, quien la dirige de acuerdo a Su voluntad y propósito. ¿Qué espera el Señor de nosotros?, que tengamos un corazón que cree y disfruta de la realidad de la resurrección y el poder que de este poderoso hecho mana, con el único fin de salvar y buscar a los perdidos, enfermos y esclavos del pecado.

Conclusión. ¿Acudiremos al llamado?

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