La aceptación mutua es el camino que conduce a la unidad familiar

Introducción

La unidad familiar debe ser un baluarte hoy

Entendiendo lo importante. Tener fe significa decidirse a creer audazmente y sin reservas, lo que Dios ha dicho, lo que obligatoriamente debe llevarnos a la obediencia de la palabra.

Entre las claves de la vida en la fe está: lo verdadero de nuestra conversión (discípulo?). Pasajes tales como: 1P2.9; Ga.2.20 y 2Co.5.17 deben cobrar vida en nosotros hoy. Todos los textos antes citados y otros más, tienen en común un mismo denominador: transformación.

Dios busca que entendamos que Su poder nos transforma, ¿somos los mismos, pero mejores, cuando estamos en Jesús? No. Las escrituras hablan de algo nuevo, diferente, de cambio radical, producto de Su intervención. Si nos apropiados de esas palabras, viviremos como nunca antes para el bien de otros y la gloria de Dios.

Se ha dicho que la mayor enseñanza sobre la familia es, sencillamente, una aplicación de lo que significa vivir como un cristiano (discípulo). El apóstol Pablo, dirige estos versos a la comunidad cristiana en general; sin embargo, con frecuencia se los usa como pasaje bíblico para ser leído durante las bodas, por cuanto presentan una descripción bella y apropiada del matrimonio cristiano. Las parejas casadas, saben de lo que hablo. Durante esta relación, a través de los años, los roles de fortaleza y debilidad se intercambian entre los cónyuges. Por lo tanto aprendemos rápidamente a soportarnos mutuamente.

Cristo es el modelo de conducta a seguir entre los cristianos débiles y fuertes. Su ejemplo demanda tolerancia mutua y amor, que si se observan, conducirán a una unidad de armoniosa alabanza a Dios. ¿De qué fuertes y débiles habla? De los fuertes y débiles en la fe. Aquellos que ponen en práctica o no, las enseñanzas de la Biblia. La diferencia entre unos y otros, no es la elocuencia al hablar, ni tampoco cuánto sabe de la Biblia, o cuántos dones espirituales manifiestan, sino que depende de los corazones rendidos al señorío de Jesús, lo que nos lleva a una vida práctica de obediencia. Necesitamos entender, que es aquí en el entorno familiar nuclear o extendido (familia, trabajo, estudios, comunidad, iglesia, etc.) dónde se manifiesta, se demuestra, se observa nuestro amor y devoción por Jesús y el amor al prójimo.

La palabra clave es: recibíos (griego proslambano) lo cual significa: tomar para sí mismo. Su raíz indica que hacia nosotros se dirige una fuerte iniciativa que en Cristo, Dios vino literalmente a nosotros y se posesionó de nosotros, siendo aún pecadores Ro.5.8. Mediante ese acto de aceptación, Él puso a nuestra disposición la gracia de Dios y el poder de la redención.

Cuando a ese poder se le permite trabajar en una familia, transforma las vidas de dos personas imperfectas en una sola vida, la cual será para la alabanza de la gloria de Dios. Mueve el corazón de los padres hacia los hijos y viceversa. Por ello, el Señor coloca esta palabra como un emblema sobre todo matrimonio y relación familiar, desde el primer día hasta el último.

Esto nos lleva a preguntar ¿Qué lugar ocupa la Palabra de Dios en nuestras familias? Debo decir que es la Palabra inspirada de Dios, único medio verdadero para transformar el corazón humano. La salvación por la fe es un acontecimiento único, mientras la renovación de la mente por la Palabra es un proceso continuo, Ro.12.1-2. El discípulo se entrega a la Palabra de Dios para transformarse en santidad, en alguien que irradia a Cristo y radicalmente diferente de la gente del mundo. Los discípulos, que desean crecer, estudian con profundidad la Palabra de Dios y la obedecen.

Conclusión. ¿Estamos viviendo en unidad familiar, recibiéndonos mutuamente?

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